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Oreste, con la humildad de los verdaderos grandes

El intendente rafaelino Leonardo Viotti al entregarle la plaqueta a Oreste Berta.
Crédito: PRENSA MUNICIPAL

Por Víctor Hugo Fux

Un día brumoso, con las nubes posándose caprichosamente sobre la serranía del Valle de Paravachasca y una llovizna que prácticamente no nos dio tregua, nos recibió al promediar la mañana del viernes en Alta Gracia, la "Ciudad del Tajamar".

El paisaje era diferente al que aprecié otras veces, pero no menos atractivo, porque el lugar es siempre acogedor, como todos los que nos proponen, con sus especiales características, las poblaciones que se reparten como pinceladas del mejor artista a lo largo de cada una de las encantadoras regiones turísticas de una provincia bendecida por la naturaleza.

También promocionada como "La Ciudad del Tajamar" y con una rica historia que comenzó a escribirse en el Siglo XVII, al asentarse en esa zona una de las cinco Estancias Jesuíticas que se reparten en la geografía cordobesa y que por su valor cultural fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Estratégicamente ubicada entre los Valles de Punilla y Calamuchita, la ciudad tiene poco más de 60.000 habitantes y su intendente, Jorge de Napoli, fue nuestro primer anfitrión, en una visita despojada de cualquier tipo de protocolo, que había sido acordada por su par rafaelino Leonardo Viotti.

De Napoli nos recibió en su despacho, que funciona en un edificio de calle Belisario Roldán. Un espacio independiente al que ocupa la Municipalidad y que fue testigo de una charla informal de ambos mandatarios, como instancia previa al traslado que nos condujo hasta el destino que ese viernes había despertado nuestras ilusiones.

Cheryl, la hija de Oreste Berta, fue la coordinadora del encuentro. El contacto se inició cuando arribamos a la ciudad y se fue prolongando, bajo su coordinación, hasta que la familia Berta nos abrió las puertas de su domicilio, en la zona del golf.

La figura del "Mago" se recortó, a unos veinte metros y con una escalera natural mediante, para recibirnos. Ingresamos a un ambiente en el que nos encontramos con la calidez de un escenario confortable en una jornada externamente desapacible. Una gorrita de Pagani -su amigo Horacio, prestigioso diseñador de automóviles reconocido internacionalmente- colgando de un perchero y algunos libros, entre los que se destacaban dos de su autoría y uno destinado a recorrer la vida deportiva de Carlos Reutemann, forman parte de una sencilla escenografía, en la que no faltan, obviamente, algunas distinciones que le entregaron al propio Oreste.

Luego de las presentaciones de rigor y de los saludos protocolares, con absoluta naturalidad, el diálogo empezó a fluir, para mutar sin escalas a monólogo cuando tomaba la palabra el "Mago". Claro, no era cuestión de interrumpirlo, porque cada uno de sus conceptos invitaba a seguir con atención sus vivencias. Se lo vio feliz a lo largo de la hora y media del encuentro, en el que, por supuesto, hubo lugar para la entrega de una plaqueta en forma de homenaje a Oreste.

"El intendente de la ciudad de Rafaela distingue a Oreste Berta en testimonio de orgullo y gratitud por su brillante trayectoria en el automovilismo y la industria automotriz. Un talento rafaelino, cuyo legado e innovación trascienden fronteras", reza el texto del reconocimiento que formalizó en un momento trascendente el titular del Departamento Ejecutivo.

Se lo vio feliz a Oreste, que también recibió unas placas conmemorativas del centenario de las primeras 500 Millas Argentinas que le hicieron llegar desde la Subcomisión de Automovilismo del Club Atlético de Rafaela, en un año histórico para la institución.

La charla, que se extendió a lo largo de más de una hora y media, fue enriquecedora. Haberse desarrollado en su seno familiar, tuvo un condimento especial. En todo momento, el ilustre preparador y constructor rafaelino, disfrutó del encuentro, en el que se sintió muy cómodo por el tiempo compartido y en el que afloraron los recuerdos de su niñez y adolescencia en Rafaela.

Desde lo periodístico, fue una experiencia muy valiosa, pero fue infinitamente mayor desde lo personal. Su humildad, digna de los grandes de verdad, me dejó enseñanzas y me permitió descubrir a una persona diferente. En la intimidad de su hogar. Sin cámaras ni micrófonos, Sin pautar una entrevista con un libreto determinado. Simplemente, conversamos... y escuchamos, aprovechando un momento único, que terminó superando con creces todas las expectativas planteadas antes de un encuentro que pasará a formar parte de mis mejores recuerdos.

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