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Pecadores que buscan una oportunidad?

A lo largo de mi vida he escuchado tantas excusas de cristianos que no van a misa o que creen que la Iglesia es el edificio que visitamos, que a veces me pregunto: -somos tan ilusos que creemos que ante Dios podemos justificarnos exponiendo planteos infantiles?... Para qué voy a ir a misa si van tipos como Juancito, que abandonó a la mujer y a los hijos o Pedro que está en lavado de dinero o Susana que ni se ocupa de su familia y así seguiríamos mucho tiempo, porque no advertimos que ser Iglesia es mucho más que ir a misa y que un edificio más o menos imponente. 

Ser Iglesia es compartir la necesidad de encontrar a Dios, de creer en Dios, de estar con Dios, no importa la motivación ni cuán pecador soy. Todos somos profundamente pecadores, desde el momento en que somos capaces de abrir la boca para criticar al hermano sin hacer nada para ayudarlo o del momento que somos capaces de discriminar al negro, a la prostituta, al delincuente o al drogadicto que se recuperó, pero que obviamente no es igual que nosotros... Ay Dios qué hipócritas somos! Me pregunto y les pregunto -cuántos seríamos capaces de contestar yo no!?, a un Jesús que nos interrogara expresando -quién es capaz de tirar la primera piedra a este hermano pecador?

Dejemos de fingir, quién más o quién menos es capaz de tirar piedras a cualquiera que se ponga adelante con tal de sentir que nosotros somos menos pecadores.

La vida es un búmeran que nos devuelve cada piedra que tiramos y no porque Dios nos castigue, sino porque somos nosotros mismos los que nos castigamos inventando excusas inverosímiles para demorar nuestra conversión. Seguramente en apariencia vivir en pecado es más reconfortante pero ¿saben qué? No es así, es porque aún no conocimos lo satisfactorio que es iniciar, transitar y crecer en el camino de santidad. Qué susto! Ser santos, los santos son los que están en el altar, pero nuevamente equivocamos el pensamiento, recorrer el camino de santidad es hacer bien las cosas de todos los días, es pensar en el hermano que duerme a la intemperie, es enseñarle al que no sabe y mostrarle que hay maneras diferentes de vivir y que todos deben tener oportunidades y no calmar la conciencia con una cuantas monedas al que pide sin conocer otra manera, es desempeñar con responsabilidad y honestidad el trabajo que hacemos todos los días, es preocuparme por el compañero que está enfermo y puede necesitar aunque más no sea una palabra o simplemente compañía silenciosa. Todos necesitamos del otro, antes o después, pero todos, ya nadie disfruta de una vida plena sin sobresaltos, dificultades o desafíos.

La iglesia se construye cada día entre todos, compartiendo los problemas y buscando las soluciones, rezando juntos por una Patria en la que todos participemos, rezando por los que sufren y no conformándonos con rezar, sino edificando cada uno desde su fortaleza y apoyando al que sufre. La Iglesia nos ayuda a no sentirnos solos, sino parte de algo grande, monitoreado por Dios, hacedor de la vida y misericordia caminando que facilita la reconciliación y la paz en el corazón humano.

Ser Iglesia es ser parte de una comunidad que piensa desde el amor, como principio y fin de todo y sin temor a equivocarme les digo que ser Iglesia es sentarse a la mesa con Dios. A quién no le gusta sentarse a la mesa con un padre bueno y compartir el pan como alimento que sacia no sólo el hambre del cuerpo sino el del espíritu, ya que es este el que moviliza el alma y la razón de ser del Ser humano.

Ser Iglesia es construir desde la vida y respetar la vida como regalo de Dios, que a través de ella nos dio la posibilidad de ser personas, capaces de comportarnos éticamente, imitando sus valores y resignando el protagonismo para cedérselo exclusivamente a El como principio y fin de todo.

Autor: Alicia Riberi

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