“Miralo bien al campo...¡miralo bien!”, es un elegíaco libro de Ricardo Peirone, de 150 páginas, edición a cargo del autor.
Con una estructura similar a la que recurriera Juan Ramón Jiménez en su emblemática obra, Peirone hace aquí un sentido viaje montado en su emoción y recorre, paso a paso y con todos los detalles, en cada vivencia experimentada en el campo.
Son diecinueve estaciones, todas emblemáticas de nuestra zona, que, con sólo nombrarlas, evocan hechos y lugares y provocan sonrisas profundas (“Mansur: todo barato”, “El arado de Simón”, “La manteca de los Bainotti”, y muchas más) y unifican el nombre de Ricardo Peirone al de tantos de nuestro ambiente que experimentaron verdaderamente lo que es el campo, ese que algunos, a pesar de ser nativos de aquí, y por habernos urbanizado demasiado, no conocemos realmente.
Técnicamente puede decirse que Peirone intenta la estampa, ese modo de contar que necesita apoyarse en la descripción detallada, porque la realidad es tan fuerte que llega sentimentalmente mucho más que la palabra elaborada convertida en metáfora. En lo estilístico, la mención a los hechos y personas es directa, y a esa puntual descripción -que necesita un párrafo largo- le sigue una oración de pocas palabras o también unimembre (“¡Sembrar!”, “Un día Chisco se fue”, “Una, dos, tres campañas”) para marcar rotundamente un hecho perentorio o doloroso.
Dentro de lo que es una prosa prolija, cuidadamente elaborada, se permite Ricardo Peirone observaciones o sutiles agudezas, dentro del ámbito de la descripción elegíaca (“Mansur, el árabe llamado turco, era bondadoso y pícaro a la vez...no son cualidades que necesariamente deban excluirse ¿no?”).
La visión de los hechos referidos es doble y unificada: por una parte la expresión espontánea del niño que trepa hasta donde no sabe si puede, pero al que le interesa ser parte de la aventura y; por la otra, la del adulto que mira ese momento con la obligada reflexión que sólo da el paso del tiempo.
Esa dualidad está presente en todo el libro y es lo que le da un sello de madurez a la obra. Las palabras del título no están puestas al azar, y el lector lo comprobará, emotivamente al completar la lectura. Todos somos lo que hemos vivido y, para ser cabales, debemos tener presentes nuestras raíces, ¡mirarlas! un momento, antes de seguir con los actos del apremiante presente.
La trayectoria de Ricardo Peirone dice que nació en Rafaela en 1952, ejerce como Contador Público Nacional, fue auxiliar docente en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional del Litoral, es político (ex intendente y diputado provincial), y ha publicado “El estado local, financiamiento, planeamiento y reconversión” (2002), “Presupuesto” (2007), “Las artes visuales en Rafaela”, segunda edición (2009), “El teatro en Rafaela”, segunda edición (2010), “Gobiernos locales” (2011). Asimismo, en conjunto con el Dr. Américo Tosello escribió las primeras ediciones de “Las artes visuales en Rafaela” y “El teatro en Rafaela”.
Merece un comentario aparte, y destacarse, la bella y original presentación del libro, con detalles sencillos y gratos para la vista y los sentimientos; y es como para decir: miralo bien al libro...¡miralo bien!