Desde mi humilde visión como escritora, hago un análisis sobre un tema que verdaderamente me quita el sueño, por lo que la pérdida de valores significa para esta sociedad que involucra a tantos chicos y jóvenes entre los que están mis hijos y mis nietos. En primer lugar advierto una cierta indiferencia para encarar la acción genuina de un cambio, sí, de un cambio que se impone como algo urgente, ¿o es que no nos dicen cosas, los tantos jóvenes que desaparecen, o que suicidan, o que se dejan enamorar por propuestas sin sustento que les prometen el éxito? Qué está pasando que no reaccionamos, que somos tibios en todo, tenemos una memoria frágil y nos hacemos eco de un cuento que promete una panacea, nos hace olvidar faltas gravísimas que provocaron grandes dolores a nuestra sociedad. Si rescato significados de la palabra moral podemos descubrir un sinfín de cosas.
Moral significa relativo a los valores o costumbres que se consideran buenos, según la concepción del bien y del mal de una comunidad. Pocas palabras y qué profundidad. ¿No sería oportuno volver a la escucha atenta entre las personas para recuperar la racionalidad que se esfumó? Se impone hacer un alto y pensar en todas la buenas costumbres, que si bien muchas se perdieron, existieron alguna vez y nos permitieron compartir mucho más tiempo en familia, con abuelos que ocupaban un lugar preponderante, el campito para jugar, los barriletes, el juego de la figuritas, las bolitas…y ese sentarnos en la vereda, padres, chicos, abuelos y jugar al “tochi”, a la mancha. Me interrogo y pienso…¡qué épocas! Ahora todo se asemeja a un recuerdo viejo y aburrido y los niños, jóvenes y adultos continuamente están con los celulares, como si en ellos les fuera la vida, en lugar de buscar oxígeno, perderse en la mirada de otro ser humano del que puede incorporar otras miradas, ni mejores ni peores, otras. Cuando se plantea este tema con padres, expresan la imposibilidad de corregir a los chicos porque se enojan, se van, no escuchan y quieren hacer su vida… y adónde está la autoridad, la capacidad para entablar un diálogo y poner límites, que se quieren poner cuando ya son grandes y perdimos el tiempo diciendo: cuando crezca cambia y no! No se cambia, se arraigan en ellos las malas costumbres y se van forjando una personalidad que los determina y cambiar es una opción, que pueden o no tener en cuenta. Al dividirse las opiniones sobre el peso de los valores para una sociedad, es prioritario dialogar, pensar juntos, proyectarse con responsabilidad para que el cambio, ya que si no, se amplía la brecha entre las posiciones enfrentadas.
Otro significado: que ataña al fuero interno, en oposición al cuerpo. Hoy por hoy, hay una mirada materialista en general para las cosas del mundo…me conviene, no me conviene, quiero tener esto o aquello y siempre priorizando lo material a lo espiritual, convencidos que teniendo un futuro material asegurado, lo demás viene solo…pero el interior de las personas se va conformando con experiencias que involucran los sentimientos, los valores, lo trascendente y cuando alguien no ve o no vive ese sinnúmero de experiencias que se suceden a nuestro alrededor, se van secando pilares impostergables que sustentan una vida espiritual profunda. Si desde la familia no hay preocupación ni ocupación para que este proceso se dé en cada ser humano, estamos “al horno” como dicen los jóvenes. Seguidamente culpamos a la escuela de estar ausente en este proceso y antes de arriesgar semejante afirmación, analizaría una verdad que es absoluta: todos…alumnos, padres, docentes…somos parte de la sociedad que hoy está enfrentando una profunda crisis de valores. Si cada uno deja de mirar los antivalores para imitarlos y se enfoca en construir desde su familia una red de valores, que sostenga a cada integrante, con el tiempo seremos parte de una modificación de las conductas sociales -que hoy dejan mucho que desear- reactivando la esperanza, fundamentalmente en nuestros jóvenes, que no ven un futuro promisorio, sino que parecieran haberse anclado en una sociedad que los tiene atrapados.
Otro significado: conforme a la conciencia individual; triste debe estar la conciencia, pues ha quedado relegada por un montón de intereses que procuran acallarla, distraerla con la superficialidad de un mundo que mide a las personas por lo que tienen y no por lo que son. La conciencia nos permite darnos cuenta de lo que está bien y de lo que está mal, es por eso, que con todas las cosas terribles que suceden uno se pregunta ¿adónde se habrá guardado la conciencia, que cada vez cae más la pendiente la moral?
Involucrándome les digo a todo lector que se detenga a leer estas líneas, que la realidad hoy no admite demoras para encarar una acción firme que posibilite enderezar la pendiente y si seguimos demorando nos convertiremos en meros observadores de la destrucción de la humanidad, solo por comodidad.
La pendiente moral se puede no desbarrancar, si la enderezamos entre todos a pesar de los errores, que todos hayamos cometido.