Información General

Perdonar es un acto de valentía y fortaleza

Por Henry Altare. - Se nos ha hecho creer que los que tienen carácter fuerte son los que gritan más fuerte, los que se ofenden con facilidad y reaccionan con agresividad, pero es todo lo contrario. Las personas que pierden el control con facilidad son de carácter tan débil que no pueden contener sus reacciones ni medir sus palabras.
Estamos viviendo en una época violenta donde pareciera que para avanzar hay que pasar por arriba del otro. Nos estamos convenciendo de que todo se puede arreglar forzando situaciones y utilizando a las personas. Nos hemos acostumbrado a la impaciencia y hasta creemos que es una virtud que nos ayuda a crecer.

Alimentamos a nuestros niños y jóvenes con canciones, imágenes y argumentos que degradan y enseñan sobre un amor egoísta, infiel y descartable. Las consecuencias terminan siendo fatales. La impotencia y la frustración que genera amar sin respetar y sin saber esperar potencia la violencia.
¿Cómo le ganamos a la violencia, siendo más violentos?
Necesitamos un ejemplo claro y contundente de cómo sobreponernos a tanto odio, resentimiento, remordimiento y enojo descontrolado.
Quiero presentarte a alguien de carácter fuerte, que cuando lo trataban con injusticia, lo agredían con odio y lo herían sin compasión, aunque tenía todo el poder para defenderse, eligió perdonar.
“Jesús decía: Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen” (San Lucas 13, 24).
Perdonar es el acto de mayor valentía y fortaleza que una persona puede realizar. Perdonar es amar. Cuando perdonamos nos volvemos mejores personas y desarrollamos un carácter fuerte y equilibrado. Un proverbio milenario dice: “Es una honra para el hombre pasar por alto la ofensa, su fortaleza de carácter detiene su furor” (Proverbios 19, 11).
Jesús enseñó una historia en San Mateo 18, donde con mucha claridad nos dice que no perdonar es el peor negocio que podemos realizar en nuestra vida. No perdonar nos encierra en una cárcel de resentimientos que nos tortura diariamente. Como si esto fuera poco, no perdonar nos cierra las puertas del cielo y de la amistad con Dios.

ARREGLAR LAS CUENTAS
Por el contrario, perdonar nos habilita para amar. Perdonar trae libertad, perdonar es sacar la flecha que nos hirió, romperla y dejar que la herida cicatrice. Perdonar es reconciliar, arreglar las cuentas.
Pero para poder perdonar necesitamos saber pedir perdón. Toda ofensa que nos han hecho no se compara con las ofensas que nosotros hemos hecho. Jesús murió en la cruz por nuestros pecados. Tomó nuestro lugar y pagó nuestra deuda para que podamos ser perdonados. Nuestras ofensas a Dios por ignorancia, por indiferencia o por decisiones equivocadas fueron tan graves que necesitaron ser pagadas con el precio más alto, la vida de Jesús. Aunque todos ofendemos hasta sin darnos cuenta a los que nos rodean, al que más ofendemos es a Dios.
Por eso, era necesario que Jesús pagara el precio de nuestro perdón. “Jesús dijo: Así está escrito y así fue necesario que el Cristo padeciera, y resucitara de los muertos al tercer día; para que en su nombre se anunciara en todas las naciones el arrepentimiento y el perdón de pecados...” (San Lucas 24: 46-47).
Es el tiempo perfecto para obtener el perdón de Dios y para perdonar a todo aquel que nos haya ofendido y lastimado. El perdón nos abre las puertas de la comunión con Dios para disfrutar su amor. El perdón de Dios nos habilita para sanar nuestras heridas y restaurar relaciones. Cuando solamente por fe le pedimos perdón a Dios, no confiando en lo que hemos hecho bien +o vamos a hacer, sino en lo que El hizo por nosotros, somos totalmente perdonados. “Si le confesamos a Dios nuestras ofensas, El es fiel y justo para perdonarnos y limpiarnos de toda maldad” (1Juan 1, 9).
Cuando recibimos el perdón de Dios, también recibimos el poder para perdonar y la capacidad para pedir perdón y arreglar lo que hemos hecho mal.
Todavía tiene vigencia lo que sucedió en aquella Pascua, cuando Jesús murió por amor y para regalarnos su perdón.
Hoy está disponible la oportunidad de Dios para que podamos vencer con el bien al mal, y con el perdón vencer a la violencia.

El autor es pastor de la Iglesia cristiana El Refugio.

Autor: REDACCION

Estás navegando la versión AMP

Leé la nota completa en la web