El viernes 14 de noviembre pasado, por quinto año consecutivo, un grupo de rafaelinos peregrinó desde nuestra ciudad en bicicleta hasta el santuario de la Virgen del Rosario de San Nicolás.
A diferencia de años anteriores, fueron 10 personas: José Zenklusen, Rubén Leiggener, Ricardo Pautasso y Carlos Acuña, sumándose en esta oportunidad Oscar Re, Diego Marín, Jorge Acuña, Mauro Busto, Juan Fux y Luis Valvo.
Partieron a las 4 de la madrugada, pasando por Nuevo Torino, Pilar, Gálvez, Arocena, Barrancas hasta San Lorenzo donde pararon a dormir, recorriendo en la primera etapa unos 240 kilómetros.
Al día siguiente, a las 7 retomaron la travesía por la avenida circunvalación de Rosario hasta Villa Diego, siguiendo por Arroyo Seco, Villa Constitución, arribando a San Nicolás a las 14:15, realizando 110 km en la segunda etapa.
"Fue una experiencia grandiosa, lloramos todos de la emoción por el viaje realizado, sintiendo el acompañamiento de la Virgen y descubriendo qué grande es el santuario que no lo conocía”, destaca Re a este cronista de LA OPINION.
Por su parte, Marín testimonia: “de la emoción no había caído que habíamos hecho 350 km en dos días, es algo que no lo esperaba y me gustó mucho”.
También tuvieron la posibilidad de saludar a Gladys Quiroga de Motta, a quien la Virgen María se le manifestó y le transmitió distintos mensajes a partir del 25 de setiembre de 1983. “Nos atendió en la vereda y pudimos respirar un especial perfume de rosa. En ese momento, pasaba un remise por la calle y una mujer se bajó de su interior para saludar a Gladys, ya que aparece muy poco en vía pública”, cuentan.
Al mismo tiempo, llegaron ese sábado en colectivo las mujeres de los peregrinos para reencontrarse en la misa en el santuario mariano, para luego continuar la última etapa el domingo hasta la vecina localidad de La Emilia, donde se encuentra el padre Pedro, quien es conocido por tener un don sanador.
cruzando la autopista Rosario-Buenos Aires, distante 26 km, totalizando 376 km en bicicleta.
Previamente al viaje realizaron una preparación física para estar en forma durante tres meses, ya sea en forma grupal y personal, realizando recorridos en la colectora del Aero Club, luego del trabajo por la noche, para así llegar entrenados. “No me arrepiento de haber pedaleado 1.400 km durante el entrenamiento”, agrega Re.
“Fue muy lindo el grupo que se formó. Algunos se terminaron de conocer en los últimos meses. Las motivaciones de participar fueron distintas: para pedir a la Virgen, conocer el santuario y apoyar a José Zenklusen. No tenía estado físico, pero esto se logró en base a voluntad, esfuerzo y sacrificio, dándonos fuerzas uno con otro, con buen humor en un grupo de edades que rondan entre 21 a 62 años”, aclara Marín.
En este sentido, hay que recordar que la primera vez fue una promesa que había hecho el citado Zenklusen por su hijo Andrés quien tenía leucemia, ahora está curado y realiza las actividades normalmente. Por este motivo decidieron continuar viajando como una manera de agradecimiento.
“En ambos lugares nos dieron la bendición, por ejemplo el cura Pedro nos hizo pasar al altar ante el aplauso de unas 300 personas presentes en el templo. La promesa es volver en 2015 y ya estamos pensando en realizar previamente viajes más cortos como a la Basílica de Guadalupe en Santa Fe”, se entusiasma Re.