Por Ana Davicino. - Recientemente cerró la muestra sobre la obra gráfica de Pablo Picasso, en el Museo Municipal de Bellas Artes, J.B. Castagnino de Rosario. Allí, se pudieron apreciar obras del artista y además libros, postales, rompecabezas, material de prensa y audiovisual. Esta muestra, que permitió volver a acercarse a una figura fundamental del siglo pasado, es exhibida de manera itinerante en América Latina y está integrada por más de 160 obras gráficas, incluyendo litografías y linografías, que abordan diferentes temas: Toros y toreros; El circo y la comedia humana; Las bacanales; El pintor y la modelo; Homenajes y Lo erótico.
Este año se cumplen cuarenta años del fallecimiento de Pablo Picasso. Fue un artista complejo: el gran representante del arte moderno tiene características fuertemente tradicionales, tanto en su obra como en su concepción del mundo y el arte. Estas contradicciones se pueden apreciar con claridad en las estampas: hablan de su trabajo gráfico, de la absoluta modernidad del lenguaje y lo formal, de la democratización que implica la reproductibilidad y de una clara visión comercial de su producción; pero también de la idea de lo mágico, del genio, del cuerpo, animal o humano, de la muerte y del sexo, todos elementos que se encuentran en las representaciones más primitivas del arte, y nos trazan una línea directa desde las paredes de las cuevas de Chauvet (que él no pudo conocer ya que fueron descubiertas después de su muerte) hasta su obra.
Hay imágenes que acercan a una experiencia física fuerte, comprometida, cuando se enfrentan a esas imágenes es el cuerpo del espectador el que se pone en juego con el cuerpo pintado y con el cuerpo del artista que dejó su huella. En Picasso: el cuerpo del toro, que a veces es la metamorfosis del cuerpo del pintor, el del torero; el cuerpo de la mujer, sexo puro, objeto; el cuerpo de la Bestia; el apetito voraz; mancha, plano o línea; simple o complejo; cuerpo contra cuerpo; provocan un encuentro visceral.
La primera relación es siempre por los sentidos, después, se realizan las lecturas que tienen que ver con el autor, con la obra, con las lecturas previas y con nosotros mismos.
Allí, las imágenes picassianas llevan por un camino lleno de enfrentamientos, de choques, de luchas. Belleza y horror. Sus temas están siempre alejados de las preocupaciones de la modernidad, vuelven a lo atávico, a lo ancestral; pero sus formas revolucionan y aprende las técnicas para transgredirlas, para estar a la vanguardia. Entre todas las exploraciones de los artistas de principio de siglo pasado, él no cree en los procesos de búsqueda, su trabajo revitaliza la idea renacentista del genio. De la alegría y desenfreno de las bacanales a la impotencia del anciano que mira detrás de una máscara. Del amor profundo a la modelo, hasta el odio y la violencia máxima. En un mundo de cambio y revolución social se encerró, salvo muy pocas excepciones, en su mundo propio y egoísta.
Paradojas y contradicciones que siguen inquietando, aún hoy, cuando nos acercamos a las imágenes de Picasso.