Por Germán Sánchez
Con su sombrero negro, su remera de Jhonny Cash, su guitarra acústica en una mano y un vaso de fernet en la otra. Así subió Piti Fernández al escenario de la Sala 9 Multiespacio en su regreso a la ciudad de Rafaela.
Distendido, de buen humor, el comienzo del show fue con Esperándome, canción de álbum Conmigo mismo (2017). Un ratito después llegaría Lo más lindo, en un primer guiño a Las Pastillas del Abuelo, su banda, su proyecto a gran escala. Y un poco más adelante, una versión bien country de Juntos a la par.
En un primer puñado de temas, resumió como sería el devenir de la noche. Canciones de su lado solista con Los Irrompibles, donde se ve un Piti inseparable con su guitarra y algún aporte de armónica. Algún paso fugaz por Las Pastillas y una bien elegida serie de covers.
Fueron versiones casi a modo de homenaje a Pappo (la ya mencionada versión de Juntos a la par), a Los Abuelos de la nada -Cosas mías, temazo que está cumpliendo 40 años de su lanzamiento-, La Renga -con Balada del diablo y la muerte, canción incluída en el álbum Despedazado en mil partes. Y una línea aparte para el doble cover que Piti dedicó “en honor a La Mona y al Mono”. Es que enganchó Quien se ha tomado todo el vino del cuartetero cordobés con La Crudita, clásico de Kapanga.
Ya promediando la noche, Piti anunció el “momento maradoniano” del show. En primer lugar, interpretó EL hijo de Doña Tota, canción que el propio Diego le pidió a Piti que le hiciera y que compuso el recordado Beto Sueiro. Le siguió Blues de un Dios pagano y cerró el bloque con el siempre esperado Qué es Dios. La noche cerró bien arriba con El sensei, otro tema de Las Pastillas que aunque los fanáticos de la banda lo adoran, no suele formar parte de la lista de temas.
Piti ya casi que juega de local en Rafaela. La gente lo recibió cálidamente, tuvo un ida y vuelta permanente con el público. Y no defraudó, dio un show sólido y se fue agradeciendo sus días en la provincia, dado que el viernes tocó en la ciudad de Santa Fe y el sábado estuvo nuevamente en Rafaela. Una experiencia para repetir.