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Por fin corregimos los "ismos"...

¿Enigmático y extraño encabezamiento?; tal vez, pero si le interesa continúe y verá que no lo es tanto.

Desde prácticamente 80 años a esta parte (al menos para un sacrílego como el que escribe), la política de nuestro país, viene manejándose mayoritariamente con agrupaciones cuyo "final de frase" identifica a un "ismo" y ese paso de tiempo no significa poco en la historia nacional, teniendo en cuenta que al menos cuatro generaciones desarrollaron parte de sus actividades en ese período.

El lapso que elegimos examinar fue signado por un pavoroso hecho histórico como fue la Segunda Guerra Mundial, terrible espacio de tiempo cuyos protagonistas principales barrieron de la faz de la tierra la sagrada misión de paz, armonía y convivencia pacífica del hombre sobre el planeta. Y Argentina, si bien no participó directamente con hombres y máquinas destructoras, también quedó marcada a posteriori por el hecho de cobijar políticamente en nuestro suelo patrio seres cuya horrorosa participación en el período citado permite calificarlos como demonios encarnados, al servicio de las fuerzan demoníacas que tomaron cuerpos físicos activos durante el flagelo.

Uno de ellos, que si bien no radicó su presencia en nuestro país, dejó una frase que el "ismo" de turno de aquel entonces, utilizó en sus conceptos a fin de orientar nuestra política interna. La frase pertenece al mariscal del aire del régimen nazi Hermann Göring y dice así: "Naturalmente al pueblo no le gusta la guerra, pero después de todo son los líderes quienes determinan la política de un país, y siempre es un asunto simple arrastrar a la gente con uno, ya se trate de una democracia, de una dictadura fascista, comunista o parlamentaria. De una u otra manera, el pueblo puede ser persuadido. Esto es fácil. Todo lo que hay que hacer es decirle que ellos están siendo atacados, y denunciar a los pacifistas como faltos de patriotismo porque quieren exponer su país al peligro. Da resultado en todas las naciones."

Si nos detenemos a reflexionar sin fanatismos, ni exaltaciones y con mente fría, llegaremos a la conclusión que fue muy tenida en cuenta por el partido político del "ismo" citado al delinear aquél período de posguerra, muy bien preparado y ejecutado. El pueblo, totalmente ajeno a las circunstancias encubiertas (no olvidemos que la realidad económica, social y cultural ubicaba a Argentina entre los diez mejores países del mundo), continuó ciegamente los dictados del "ismo" obnubilada por los "fuegos fatuos" que esa doctrina prometía.

Pasó el tiempo con su historia a cuestas, distintos "ismos" fueron adaptando a su conveniencia y beneficio nombres, títulos, falsedades y embustes... "y siempre es asunto fácil arrastrar a la gente con uno".

Y aquí estamos, con el resto de país que nos queda, ¿o usted pretenderá que los hechos reales y palpables nos muestran lo contrario? No es necesario gastar tinta en citar dónde estamos ubicados en el contexto general de las naciones cultas, productivas y de avanzada. Para quien quiera aceptar la realidad nacional, puede examinar y verificar por su propio discernimiento y apreciación nuestro actual presente, tras el largo uso de los "ismos" que nos dejó la historia.

Así y todo, los 7 mil millones de almas que giramos adheridas al planeta, seguimos inexorablemente nuestro derrotero, cada cual con su cruz a cuestas, intentando en definitiva mejorar nuestro modo de vida, lo cual es innato en el humano mortal. Y nosotros los argentinos no somos la excepción a la regla.

De allí nuestro optimismo visualizando el futuro y la recuperación de la hoy extraviada y perdida grandeza nacional. Luego de los dos últimos pasos por las urnas, es incuestionable y bien palpable el cambio de intelectualidad y discernimiento en el electorado, incluido el recambio generacional. Sería bueno reconocer que "estamos donde estamos porque somos como somos", cosechando "causalidades" adquiridas y aún no amortizadas. Puede que este sea el momento eficaz para ejecutar la deuda, y ¡por fin! comenzar a transitar el seguro camino hacia la recuperación económica, social y cultural de todo el país.


Comuna y pueblo de Egusquiza, caminando hacia la segura e invencible libertad de los hombres, fruto maduro emanado del afecto, dignidad y permanente respeto.

Autor: Antonio Fassi

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