Al cumplirse hoy dos años de haber sido electo papa, Francisco va reafirmando su ministerio petrino con una hondura que traspasa los límites y las estructuras tradicionales de la Iglesia, para profundizar la evangelización hacia las periferias existenciales y los distintos ámbitos sociales, culturales, políticos, ya sea creyentes y no creyentes.
Frente a los cambios de época que estamos viviendo en diversos lugares del mundo en el que impera el individualismo, el materialismo y la secularización, en la exhortación apostólica “Evangelii Gaudium” (La alegría del Evangelio) del 2013, el Papa expresa que “mientras en el mundo, especialmente en algunos países, reaparecen diversas formas de guerras y enfrentamientos, los cristianos insistimos en nuestra propuesta de reconocer al otro, de sanar las heridas, de construir puentes, de estrechar lazos y de ayudarnos «mutuamente a llevar las cargas» (Ga 6,2). Por otra parte, hoy surgen muchas formas de asociación para la defensa de derechos y para la consecución de nobles objetivos. Así se manifiesta una sed de participación de numerosos ciudadanos que quieren ser constructores del desarrollo social y cultural.” (p. 56-57).
Al mismo tiempo, no se cansa en apuntalar a la cultura del encuentro en la misma exhortación: “Las mayores posibilidades de comunicación se traducirán en más posibilidades de encuentro y de solidaridad entre todos. Si pudiéramos seguir ese camino, ¡sería algo tan bueno, tan sanador, tan liberador, tan esperanzador! Salir de sí mismo para unirse a otros hace bien. Encerrarse en sí mismo es probar el amargo veneno de la inmanencia, y la humanidad saldrá perdiendo con cada opción egoísta que hagamos.” (p. 71-72).
Se escucharon posibilidades sobre cuándo volvería a la Argentina como visita pastoral, la que sería en 2016, descartando este año al haber elecciones presidenciales en el mes de octubre. Ante la actual crisis institucional, podemos masticar una frase del entonces cardenal Jorge Bergoglio cuando era arzobispo de Buenos Aires, en el libro “La nación por construir. Utopía, pensamiento y compromiso” (2005): “No podemos caminar sin saber hacia dónde estamos andando. Es criminal privar a un pueblo de la utopía, porque eso nos lleva a privarlo también de la esperanza.”
A decir verdad, sigue siendo el mismo Bergoglio de siempre que se trasluce en sus gestos y palabras: "una cosa que me dije desde el primer momento fue ´Jorge no cambies, seguí siendo el mismo, porque cambiar a tu edad es hacer el ridículo´. Por eso he mantenido siempre lo que hacía en Buenos Aires", de la entrevista con Elisabetta Piqué en el diario La Nación (7/12/2014).
Por delante tiene enormes y complejos desafíos como el sínodo sobre la familia que se inició en octubre del 2014 y tendrá continuidad este año, las personas vueltas a casar que no pueden comulgar sacramentalmente, la homosexualidad dentro y fuera del Iglesia, limpiar la corrupción en el IOR, entre otros. Pero uno de sus mayores desvelos es "la reforma espiritual es lo que, en este momento, más me preocupa; la reforma del corazón"...
Concluyo con una frase iluminadora y fluida del primer Papa argentino sobre la nueva evangelización en Evangelii Gaudium : “El diálogo entre ciencia y fe también es parte de la acción evangelizadora que pacifica. El cientismo y el positivismo se rehúsan a «admitir como válidas las formas de conocimiento diversas de las propias de las ciencias positivas». La Iglesia propone otro camino, que exige una síntesis entre un uso responsable de las metodologías propias de las ciencias empíricas y otros saberes como la filosofía, la teología, y la misma fe, que eleva al ser humano hasta el misterio que trasciende la naturaleza y la inteligencia humana. La fe no le tiene miedo a la razón; al contrario, la busca y confía en ella, porque «la luz de la razón y la de la fe provienen ambas de Dios», y no pueden contradecirse entre sí. La evangelización está atenta a los avances científicos para iluminarlos con la luz de la fe y de la ley natural, en orden a procurar que respeten siempre la centralidad y el valor supremo de la persona humana en todas las fases de su existencia. Toda la sociedad puede verse enriquecida gracias a este diálogo que abre nuevos horizontes al pensamiento y amplía las posibilidades de la razón. También éste es un camino de armonía y de pacificación.” (p. 182-183).