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Que alguien explique qué es la inclusión

Por Analía Culasso. - La historia que voy a contar tiene que ver conmigo, pero también con otros hijos, con otros padres, y con un sistema que nos atraviesa. Hablo del sistema educativo.

En el año 2015 mi hija y una de sus mejores amigas terminaron la etapa primaria de su educación. Y eligieron para continuar sus estudios el ex Colegio Nacional, Escuela Luisa Raimondi de Barreiro.

En ambos casos las dos jovencitas no salieron sorteadas. Cabe decir que las dos fueron abanderadas y terminaron ese ciclo con excelentes notas, que nadie tuvo en cuenta, por supuesto.

Allí comenzó un derrotero de idas y venidas por escuelas, Regional, personas que nos asesoraran, destinado a conseguir una institución que albergara a las dos niñas.

Finalmente Celeste optó por una escuela Técnica, de doble turno, muy lejos de su casa, y que no satisfacía demasiado sus intereses.

Victoria y yo, en cambio nos fuimos a vivir a Humberto Primo. Sabía que allí contaba con una excelente institución. La llamada EESOPI o instituto San Martín. Confirmamos su excelencia y estaremos eternamente agradecidas por el apoyo humano y la contención que nos brindaron.

Pero todo esto implicó mudanzas, cambio de hábitat, de vivienda y rehacer un círculo social en la nueva localidad. Por otro lado dejar aquí una casa y al resto de mi familia, que está constituida por dos ancianos, para los cuales yo era una parte importante en su cuidado.

Menos Victoria, que resiste vientos y tempestades, el resto de la familia nos vimos afectados en nuestra salud.

Este año decidimos volvernos, con grandes expectativas. Sin embargo aún no sabemos a qué escuela concurrirán estas dos adolescentes.

Hoy estamos a la espera de que se terminen los exámenes, se organicen los cursos, que suene el teléfono de mi casa y que alguien me avise que mi hija Victoria y su amiga Celeste tienen dos bancos en el colegio Nacional.

No obstante quiero que se entienda bien; este no es un cuestionamiento a las escuelas de nuestra ciudad. Conozco el enorme esfuerzo que hacen algunos docentes, directivos y una buena parte de la comunidad educativa. Tal vez ellos también son víctimas de políticas erráticas, a veces bien intencionadas pero que no logran satisfacer las demandas de una sociedad que tiene todo el derecho de exigir, porque estamos hablando nada más y nada menos que del derecho a la educación.

Quiero decir además que no pertenezco al Frente Cívico que gobierna nuestra provincia, aunque que he colaborado, siendo fiscal en elecciones anteriores. Pero tengo un gran defecto: digo las cosas cuando no me gustan. Expreso mi desagrado cuando algo está mal, así sea en el entorno más íntimo y aunque perjudique mis intereses. Y siento que el sistema educativo hace agua por muchos lados, y quizás la sociedad entera sea en algún punto responsable. Pero en este caso la responsabilidad sólo le cabe al Gobierno de la Provincia.

Yo creo firmemente en la inclusión, ahora bien, mi hija y muchos otros jovencitos fueron excluidos y no pudieron elegir la escuela en la cual continuar sus estudios. Por eso quisiera que alguien me explique qué se entiende por inclusión.

Si hablamos de igualdad de oportunidades, nadie puede estar en desacuerdo, pero a muchos alumnos que se esforzaron durante toda su primaria no le dieron la oportunidad de elegir su escuela.

¿Cómo le explico a mi hija que en este país el esfuerzo no tiene recompensa? ¿Que su suerte estuvo atada a un simple sorteo? Sorteo donde nadie tuvo en cuenta un camino de trabajo, responsabilidad, y compromiso durante siete años.

El azar rigió su destino. Ahora, ella y Celeste siguen esperando.

Autor: Redacción

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