Para comenzar permítame hacer un repaso de la historia bíblica, de algunas cosas que pasaron el jueves y viernes de la llamada semana de la pasión. La noche del jueves, Jesús y sus discípulos habían estado en el aposento alto de una casa, allí celebraron la última Pascua y la primera cena o Eucaristía.
Luego Jesús oró en agonía en el Huerto de Getsemaní, la medianoche de ese jueves se consuma la traición, con palos y antorchas como al peor reo vienen por Jesús, Judas le entrega con un beso y Pedro le niega tres veces. Las palabras quedan en el aire y todas las promesas de fidelidad de sus discípulos chocan con la realidad, todos huyeron y le dejaron solo (Marcos 14:50).
Jesús está solo ante la hora más crucial, solo para ir a la cruz, luego vendría el juicio fraudulento, el vía crucis y la cruenta crucifixión. Pero ahora en el texto del evangelio según San Mateo encontramos a Jesús ante Pilatos. El juez terrenal ante el juez del universo. Este es uno de los episodios más tristes del relato bíblico, Pilatos pudo dejarlo libre pero lo condenó. Su sentencia fue “este hombre ningún mal ha hecho”. La costumbre en esa fiesta era dejar un preso libre para quedar bien con el pueblo, Pilatos les da a elegir ¿Jesús o Barrabás?, y el pueblo elige a Barrabás, un sedicioso, revolucionario y asesino. Ante esta elección le pregunta al pueblo ¿qué haré con Jesús entonces? (V. 22) Y el pueblo vociferó “crucifícale”.
El gobernador entonces “tomó agua y se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo; allá vosotros” (V.24). Esta fue una decisión que el solo podía tomar, una decisión que el arrogante juez prefería evadir, pero las presiones de la gente lo abruman y debe decidir. Uno puede ver el contraste entre Barrabás y Cristo. Uno sedicioso, otro pacífico; Barrabás símbolo de muerte, Jesús el autor de la vida; uno culpable el otro inocente. La esposa de Pilatos estaba nerviosa y le da un consejo (V.19) El texto dice: Y estando él sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir: No tengas nada que ver con ese justo; porque hoy he padecido mucho en sueños por causa de él.
Pero ante el gobernador está una ruidosa muchedumbre y un manso y silencioso Cristo. Y el hombre fuerte, es débil y se deja llevar por la corriente, deja que la muchedumbre decida, la decisión final le correspondía a él, no podía escaparse, trata de evadir su responsabilidad, pero al final, sabiendo que no tenía pecado, que no tenía culpa alguna, lo entrega y cobardemente se lava las manos. Así era la política de neutralidad, sin compromiso, hacer la fácil, pasarla lo mejor posible. Todos enfrentamos esta pregunta ¿Qué haré con Jesús? Estas son algunas respuestas posibles: usted puede decidir recibirlo como su Salvador o rechazarlo. Puede decidir obedecerle o no hacerlo. Puede optar por creer o no creer en él. Puede confesar abiertamente su fe en él o negarlo como lo hizo Pedro. Puede hacerlo Señor de su vida o menospreciarlo. Puede conformarse con conocer la historia de Cristo o anhelar tener en su vida al Cristo vivo. Usted puede servirle o sólo esperar sus bendiciones. Note que si usted piensa en Pilatos, todas las otras decisiones de su vida quedan empequeñecidas, ante esta decisión. Dígame ¿Por qué recuerda usted a Pilatos? Seguramente por este episodio “se lavó las manos”.
Querido lector no hay otra decisión en la vida más importante que esta. ¿Por qué? Sencillamente porque todas las otras decisiones tienen relación con lo temporal, pero esta tiene que ver con la eternidad. Es una decisión acerca de Jesús, no de la iglesia o ceremonias religiosas. Hoy debemos decidir ¿Jesús o Barrabás? ¿Qué hará usted con Jesús? Es una decisión personal, no por lo que dice la gente o por la presión del grupo. Es una decisión que requiere una acción, le entrego mi vida o lo rechazo. Es una decisión que tiene trascendencia eterna, porque el único camino al cielo es Jesús, y el apóstol Juan lo describe de esta manera…
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. (Juan 3:16-19). La historia de la humanidad se divide en un antes y un después de Cristo. La historia de mi vida y la tuya es igual. Pablo escribe De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas (1ª Corintios 5:17).
Se lo explico de una manera simple, cuando usted acepta a Jesús como el Salvador de su vida y cree de todo corazón en él, Dios dice que las cosas viejas (tus pecados y fracasos), quedan atrás. El te da la oportunidad de, escribir una nueva historia, comenzar otra vez, volver a nacer. Es mi historia desde hace más de 35 años y te aseguro que caminar de la mano de Jesús, vivir a la manera de Dios, vale la pena. El trae paz al alma, esperanza para el futuro y seguridad de vida eterna. Pregúntate como Pilatos ¿Qué haré con Jesús? Es necesario tomar una decisión hoy. Dios te bendiga.
El autor es pastor de la Primera Iglesia Evangélica Bautista.