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¿Qué nos dejó la Navidad?

La palabra navidad viene del latín nativitas y significa "nacimiento", pues se celebra el nacimiento de Jesús. Para todos los que creemos, es una fecha que golpea nuestro corazón y nos recuerda el nacimiento de Jesús, que vino a este mundo nada más y nada menos que para salvarnos y entregó su vida voluntariamente por todos nosotros. A veces parecería que el tiempo borra tantas cosas, pero seguramente hay algunas que deberían estar guardadas y reguardadas en nuestro corazón, para evitar que lo trascendente quede en el olvido. Recuerdo que las generaciones pasadas esperábamos con ansiedad ese día y teníamos muy bien aprendido lo que significaba la Navidad, porque nuestros padres también así lo vivían. Siento que en general, el materialismo le ganó al espíritu y lo arrinconó de una manera en que no logra brotar en todos los corazones.

La Navidad es la antítesis del materialismo y no debería poner en compromiso a padres, abuelos, para comprar regalos que muchas veces dejan deudas difíciles de afrontar para algunos, cuando en realidad tiene que ser una fiesta de encuentro de afectos, de perdón ante los enojos, de reencuentro, de amor, mucho amor. Cuántos se acuerdan de brindar a la medianoche por el protagonista del encuentro: Jesús…o cuántos ponemos un escrito, uno foto que tenga presente al Salvador del mundo…Esa noche es de Jesús, es para festejar su nacimiento, su venida maravillosa, gracias al sí de María, una madre perfecta, fiel, dócil y cumplidora de la palabra de Dios, manifestándola al mundo con su testimonio.

A nosotros que nos dejó la Navidad? Un dolor de cabeza? una descompostura por haber comido y bebido en demasía? Un corazón igual que siempre? O un corazón rebosante de esperanza en un mundo que parece haberla perdido?...Qué nos dejó esta Navidad, es una pregunta que todos deberíamos hacernos para ser mejores personas, más respetuosas del prójimo, más generosos, más capaces de dar amor sin esperar recompensa alguna, ya que Jesús nos dio su vida sin pedir nada, incluso dijo a su ´padre al morir…perdónalos porque no saben lo que hacen… Pusimos a los pies del pesebre lo que sentimos, prestamos atención a ese niño que nace en un pobre pesebre, siendo Dios y el salvador del mundo, con una madre que siendo solo una adolescente, aceptó su destino, sin poner una objeción, sin poner en dudas el anuncio del ángel?. No debemos distraer la atención en lo mundano, sino en lo trascendente, en lo verdaderamente importante para que al finalizar nuestra vida, no nos tome desprevenidos y tengamos que partir sin haber comprendido que el mejor maestro para enseñarnos a amar, es Dios y que no escatimó esfuerzos para cuidarnos, pero nosotros somos los indiferentes, los testarudos, los que nos las sabemos todas, pero cuando llega el final, si no hicimos bien los deberes, se nos llena el corazón de preguntas y corremos el riesgo de irnos sin respuestas.

Me gustaría recordar un párrafo del mensaje de navidad de Juan XXIII en 1959: …la paz no podrá tener sólidos cimientos, si en los corazones no se alimenta aquel sentimiento de fraternidad, que debe existir entre cuantos tienen un origen común y están llamados a los mismos destinos. La conciencia de pertenecer a una única familia extingue en los corazones la avidez, la codicia, la soberbia, el instinto de dominar a los demás, que son la raíz de las disensiones y de las guerras; ella nos estrecha a todos en un vínculo de superior y generosa solidaridad… Ya en aquel momento, como desde siempre, se hace hincapié en el hecho de vivir en paz, como hermanos, miembros todos de la familia de Dios y recordando el saludo de Jesús a sus apóstoles…les dejo mi paz, les doy mi paz, no como la da el mundo…..

Es mi deseo que todos hayan podido, en esta Navidad, encontrarse con el niño Jesús y que ese encuentro, logre cambiar sus vidas para siempre…El encuentro con la familia de Nazaret, nos da los cimientos, por los que debemos bregar en nuestra propia familia. Volvamos a la familia, como célula trascendente para cambiar esta sociedad, que evidentemente, perdió el rumbo.

Felicidades y los mejores deseos.


Autor: Alicia Riberi

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