El vuelo de Aerolíneas Argentinas 1302 Buenos Aires-Miami despegó en punto. Había alegría a bordo: dejar el frío y la humedad porteñas por la dorada Miami es un regalo doble: alma y cuerpo.
Pero algo grave sucedió. Un niño de 8 años sufrió, súbitamente, una grave lesión perforante en un pulmón.
En tierra, las decisiones extremas son más fáciles. Pero a ocho mil metros de altura, una emergencia controlable entra en el dramático círculo de las situaciones límite.
¿QUE HACER?
En este caso no hubo vacilación alguna. El comandante tomó la suprema y luminosa decisión: "este avión baja". Y bajó contra todo: el protocolo, el intento de atender al niño en vuelo, el riesgo, etc., según da cuenta Infobae.
La nave puso proa al aeropuerto más cercano: Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. Mientras, una pasajera se acercó al niño y le practicó algunos ejercicios terapéuticos de emergencia.
Las ruedas tocaron tierra en el aeropuerto boliviano de Viru Viru, y los relojes y la sangre se aceleraron.
El niño bajó con su madre y otros tres pasajeros: enfermeros improvisados. Y todo siguió en cámara acelerada. El grupo recaló en la clínica Foianini, en la calle Irala 468.
PELIGRO Y ÉXITO FINAL
El niño estaba al borde de un neumotórax, o sea un colapso pulmonar que ocurre cuando el aire escapa del pulmón y llena el espacio entre éste y la pared torácica. Esa acumulación presiona al pulmón y no le permite expandirse cuando el enfermo inspira.
Pero la operación de urgencia fue un éxito: el niño está a salvo.
Porque no sólo funcionó la decisión del comandante, sino que toda la tripulación se puso en marcha. Y también cinco médicos que viajaban con el mismo destino.
Dos horas pasaron, y cuando el pulgar arriba indicó que la vida había vencido a su enemiga, el Airbus 330-200 matrícula LV-FVI hizo vibrar sus turbinas, se elevó, y puso su brújula hacia Miami.
TIEMPO DE CELEBRACIÓN
Los pasajeros celebraron: una vida vale más que todos los contratiempos, los protocolos, las dudas. Incluso más que los riesgos de no encontrar en tierra la solución…
Desde luego, lo que sucedió explica la formación, el entrenamiento, la capacidad de los pilotos y los tripulantes de cabina. Primer nivel…
Pero mucho más allá de lo técnico, del "saber hacer", esa batalla la ganó el "querer hacer". El alma. El corazón. La garra. El respeto sagrado por la vida.
Honor a todos ellos.