Información General

Sacrificio de muchos y pocas respuestas...

Hace tantos años sucedieron cosas que hoy me hacen sentir vergüenza por haber siquiera pensado que con una guerra podíamos ganar algo… qué vergüenza…muchos chocolates que pretendían dar calor a esos niños a los que hacían creer que podían todo, hasta transformarlos en soldados capaces de soportar con tan pocos años y tantos sueños incumplidos, todo. Lo que es peor, muchos chocolates y frazadas se perdían por el camino, debido a intereses mezquinos y pregunto también, ¿la joyas y bienes que otros donaban para apoyar esta causa por amor a nuestra querida Argentina llegaron realmente a destino?

Cuando miro el horizonte cada 2 de abril, me parece ver tantos rostros jóvenes en lo que se retrata la paz del deber cumplido… ahora digo y grito: ¿los argentinos estuvimos a la altura de las circunstancias, pensamos en el dolor enorme de esos patriotas que regresaron, no sólo heridos en el cuerpo, sino lo que es peor heridos en el alma? Pareciera que lo único importante fue el resultado negativo de esa guerra y ante el exitismo, duró poco la valoración del esfuerzo, no de los inconscientes que declararon una guerra detrás de un escritorio, sino de tantos soldados que marcharon entre temerosos y orgullosos a luchar por la patria, sin pensar en ninguna estafa moral, sino ya sintiéndose héroes y partes de una historia gravada otra vez a fuego por el sacrifico del pueblo.

Queridos combatientes que nos miran desde el cielo y a los que cada día luchan por borrar el horror sin haber sentido el eterno y permanente reconocimiento de un pueblo que aún, es adolescente en realidad y memoria, para generar mejoras en la manera de asumir cada golpe, perdón, ya que debería habernos servido para construir caminos genuinos, basados en el esfuerzo de innumerables héroes silenciosos, perdón, por una vez más creer en utopías que encerraron muchas vidas en una película de sangre, horror, desilusión, soledad, dolor y preguntas sin respuesta, perdón, por usar la memoria sólo para sentir rencor y ensañarnos con responsables materiales y reales, que sí existieron, pero a los que usamos para justificar la falta compromiso de todos para asumir que todos nos equivocamos, festejando que íbamos ganando una guerra, cuando una guerra no genera victoria, sino pérdidas de vidas humanas únicas e irrepetibles, ya que nadie puede decirle a una madre: te recompensamos con esto… no hay nada en el mundo que reemplace a un hijo y a un ser amado que forma parte de una historia familiar.

Perdón por creer que el tiempo lo borra todo y por creer que esos que no llegaron a Malvinas, pero que estuvieron en el sur esperando su momento y llegó ante la rendición, no sufrieron… quién les quita ese olor a carne quemada, esos rostros de compañeros que no regresaban, esas noches preguntándose: ¿hoy me tocará a mí?, es fácil, decir: ah… este no llegó a la guerra… quién sabe lo que esconde ese corazón humano. Tengo la posibilidad de ver a mi esposo, que cada vez que hablan de Malvinas llora silenciosamente, que cada vez que aparece por televisión una película de guerra se contraen sus mandíbulas, que cuando hay un homenaje a los ex combatientes de Malvinas se encierra y lo mira silenciosamente como si por sus ojos pasara una película de horror que pretendía olvidar: bombas, balas, quejidos, frío, soledad.

Hoy quiero pedir a gritos, perdón a todos ustedes que lucharon por mi querida patria, no es que no quise escribirles, es que fui cobarde, porque la vergüenza como ciudadana, ante el sacrificio de tantos jóvenes, me paralizaba. Gracias por lo que han hecho que va más allá del deber, ustedes han escrito una página imborrable en la historia y no con meras palabras, sino con hechos heroicos, que estén seguros, que si gran parte de esta población no supimos valorar en justa medida el sacrificio de ustedes, Dios les reserva la caricia más tierna de Padre bueno que sabe de la cruz de sus hijos.

Gracias y perdón por el pecado de omisión que muchas veces hemos cometido con ustedes como pueblo, que aún está en búsqueda de un camino certero, que lo conduzca a la unidad de todos los argentinos sin intereses mezquinos… se lo debemos a todos los que lucharon para que así sea y como argentina sé que lo vamos a lograr.

La guerra nunca es el camino, cobra vidas, mata sueños, desgarra corazones, deja vacíos, genera odios. Tenemos una deuda pendiente por todos los que lucharon por la patria de una u otra manera: construir una patria, recurriendo a la memoria total, para desterrar errores y edificar modelos nuevos en los que seguramente habrá errores, pero primará la voluntad de crecer y no de matarnos entre nosotros, pensando que esa es la solución. Quienes fueron elegidos para eso piensen cómo generar cambios genuinos y no en cómo enriquecerse y adueñarse del poder absoluto, ese que aunque ahora no lo vean, sólo lo tiene Dios. El poder absoluto lo tiene Dios y no es el culpable de lo que pasa en la humanidad, ya que él nos dio total libertad para elegir nuestro proyecto de vida.

Malvinas… guerra con el sacrificio de muchos y pocas respuestas…

Autor: Alicia Riberi

Estás navegando la versión AMP

Leé la nota completa en la web