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Salamone, el arquitecto del régimen

POR PEPE MARQUÍNEZ

Se llamaba Francisco Salamone, el arquitecto más prolífero y creativo de la historia argentina. Nacido el 03/07/1897 en Sicilia, arribó a nuestro país con su familia recalando en Buenos Aires. Tenía 4 años. Cursó estudios técnicos en la Escuela Industrial de la Nación Otto Krause, para luego en Córdoba graduarse como ingeniero y arquitecto. Egresó en 1913. Fue además paisajista, diseñador, hábil arquitecto y excelente ingeniero. Personaje inagotable.
Su arquitectura es brutalista: impacta al solo verla o sea tiene apariencia masiva, en bloque y se destaca el uso de hormigón a gran escala.
Sus primeras obras se concretaron en la provincia de Córdoba: edificio de la Municipalidad de Las Varillas (1936) de estilo racionalista, con un frente plano y patio con una curiosa forma de círculo. Así mismo, en Alta Gracia diseñó el tanque de agua del matadero (art-decó).
La vida de Salamone cambió radicalmente cuando conoce a Manuel Fresco, un médico de Buenos Aires confeso fascista, quien posteriormente se convirtiera en Gobernador de la provincia (1936-1940).
Se lo conoció además como “el arquitecto de las pampas”, habida cuenta que su obra mayoritariamente se desarrolló en ese ámbito. También sufrió el apelativo de “el arquitecto maldito” dado su cercanía al movimiento político denominado “La Concordancia” conocido como “el régimen”. Fresco perteneció a esta agrupación que tuvo vigencia desde 1930 a 1943, caracterizada entre otras cosas por fraudes electorales escandalosos. Salamone fue admirado y vilipendiado a la vez. Caído el régimen se lo invisibilizó.
En la provincia de Buenos Aires donde radica la mayor parte de su obra, contó con el auspicio del gobernador Fresco quien le dio carta blanca al emprendimiento. El dicho que circulaba decía “Si Fresco lo dispone lo contrata a Salamone”.
Su obra se vio reflejada en plazas (Balcarce, Azul, Tornquist 1938), palacios municipales (Alberti, Pellegrini, Rauch, Coronel Pringles, González Chaves), mataderos (Epecuén, Guaminí, Coronel Pringles, Carhué) y pórticos de cementerios (Saldungaray, Azul, Laprida).
Realizó 60 obras públicas en tan solo 4 años (1936 – 1940). Esto se explica por dos circunstancias fundamentales: su enorme capacidad de trabajo y el uso del avión para visita de las obras. Para asegurarse la provisión de materiales se contactó con Fortabat, originándose un crecimiento exponencial de la fábrica de Olavarría, Salamone en cambio, no logró mejorar su situación económica: era ludópata y prueba de ello entre otras cosas, es el diseño del pórtico del cementerio de Saldungaray, quien ostenta un Cristo doliente y además una gigantesca rueda con rayos que se asemeja a la de una ruleta.
En Azul se encuentra acaso su obra más encumbrada. El portal del cementerio es sencillamente asombroso, monumental, ejemplo del cubismo en las esculturas, o sea geométrico. Tiene 43 metros de frente y 21 de altura y exhibe un ángel alado imponente. En su construcción interior se edificaron baños, oficinas y un oratorio. De su autoría es el diseño de la plaza principal de la ciudad: cuenta con una vereda con baldosas romboidales blancas y negras que dan la impresión de movimiento ondulante y provoca una sensación de mareo.
En Laprida encontramos el colosal pórtico del cementerio, constituido por una masa de hormigón con figuras geométricas muy marcadas. Carhué, es testigo de la obra más alta llevada a cabo por Salamone: 35 metros.
Situándonos en Epecuén, ciudad en ruinas con motivo de la inundación de 1985, advertimos que emerge incólume la torre del matadero que en su máxima altura y como remate, ostenta la figura de un cuchillo de matarife.
La obra de Salamone verticalista, audaz y extravagante es desproporcionada en relación al contexto: paisaje rural constituido por pequeños pueblos en algunos casos de menos de 1000 habitantes y ocasionalmente superan la altura de la torre de la iglesia.
Solitario, padre ausente, fumador empedernido, adicto al trabajo y al café, jugador compulsivo son sus características personales.
El estilo general impreso a su obra es ecléctico o sea “mezcla en un solo diseño de varios elementos no relacionados”. Se advierte el racionalismo, el cubismo, art- decó, el brutalismo.
Finalmente, Salamone muere en Buenos Aires el 8 de agosto de 1959.
Toda la obra arquitectónica de Salamone se realizó mayoritariamente en la provincia de Buenos Aires y estuvo relacionada con el gobierno conservador de Manuel Fresco. Se conoció a este período como la “década infame” y a su instrumento “el fraude patriótico”. Nos encontramos en la próxima entrega para abordar esta interesante parte de nuestra historia. Hasta entonces.

Autor: REDACCION

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