Mientras algunos sectores sociales, incluidos los medios de comunicación, toman esta fecha en broma y para hacer chistes, a decir verdad se conmemora a los niños mártires que fueron violentamente arrebatados a sus madres por Herodes, al enterarse del nacimiento de Jesús. Se relata en la Biblia que los Reyes Magos, orientados por una estrella en el cielo, supieron que había nacido el Hijo de Dios. En su búsqueda, antes de llegar a Belén, pasaron por Jerusalén y el Rey Herodes se enteró de la noticia. Se decía que había nacido el Mesías, el esperado Rey de los Judíos. Entonces Herodes, viéndose amenazado, ordenó matar a todos los menores de dos años (Mateo 2, 1-18).
"El relato bíblico sobre los santos inocentes nos deja una enseñanza: quien tiene mayor poder político, tecnológico o económico, no puede aprovecharlo para violar los derechos de los otros menos afortunados" (papa Benedicto XVI 8/12/2006). No obstante nadie puede escapar del pecado, en este caso sentirse amenazado, receloso o la tentación de usar la violencia en alguna oportunidad, por eso es tan importante pertenecer a una comunidad que preserve el derecho a la vida, y que invite a reflexionar sobre las propias tentaciones.
Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, les preguntó el tiempo exacto en que había aparecido la estrella; después los envió a Belén con el encargo: "Averigüen con precisión lo referente al niño y cuando lo encuentren avísenme, para que yo también vaya a adorarle. Los reyes fueron a buscar al Niño recién nacido y allí un sueño les advirtió que no volvieran a casa de Herodes, entonces regresaron a su tierra por otro camino. Herodes, al verse burlado por los magos, se enfureció mucho y mandó matar a todos los niños menores de dos años en Belén (…) Así se cumplió lo que anunció el profeta Jeremías: Una voz se escucha en Ramá: llantos y sollozos copiosos, es Raquel que llora a sus hijos y rehúsa el consuelo porque ya no viven" (Mateo 2, 7-8, 16-18).
"Y los vencidos, los humillados, los que ahora no dan su cara, son los que mataron. No los odiamos. Desde el altar pedimos a Dios: dales Señor el arrepentimiento, que vuelvan por los caminos de la piedad, que se den cuenta del horrendo crimen que cometen, para que sean un día también santos como bienaventurados del cielo" (beato Arnulfo Romero, arzobispo y mártir de San Salvador, 1/11/1977). (Fuente: wincalendar.com)