Oscar Alfredo Scarafía (59) es en todo sentido, un artista autodidacta, dueño de un estilo escultórico propio en la ciudad. Sus trabajos muy logrados, parecen retrotraer al observador a algún taller artesanal metalúrgico del Medioevo, como algún reflejo remoto de lo que se puede contemplar en algunas pinturas de los famosos aceros de Toledo.
Su magistral dominio de la fusión de texturas y colores que dan los metales, trabajados como si fueran tan blandos como el papel, le permiten a Scarafía trascender los límites de lo común y sorprender con formas reales mágicas, combinadas a través del arte de la soldadura y yuxtaposición de metales hasta lograr una identidad absolutamente propia, reflejada en sus trabajos que se convierten en sus manos y herramientas en máscaras, figuras humanas, animales, cosas, o lo que la imaginación proponga.
Es así que fuimos en su búsqueda para dialogar con él sobre su particular arte y su forma de trabajar y modelar los metales. Cabe destacar que algunas de sus últimas obras reflejan una nueva tendencia: la de incorporar maderas nobles a la mezcla con metales. Así, viejas piezas de carros o de tranqueras antiguas que Scarafía recoge, se transforman en sus manos en formidables obras de arte.
Su taller y centro de exposición permanente se encuentra ubicado en Avanthay 629 de esta ciudad y las visitas para los interesados se pueden coordinar previamente al teléfono 570120.
ORIGENES
Nacido en la cercana población de Pilar, y criado en zona rural de Nuevo Torino y Felicia, Scarafía posee en sus raíces una indudable influencia campestre que se plasma en los temas elegidos.
Luego de la escuela primaria cursada en Bella Italia, en Rafaela comenzó con lo que sería su pasión: el trabajo con metales y soldadura en la Escuela Técnica primero y en la de Formación Laboral recientemente, siempre en cursos no formales. Por eso se define a si mismo como “un autodidacta”, a secas.
“De chico dibujaba y me gustaba pintar en témpera y acuarela –contaba Scarafía-. Cuando surgió la artesanía hippie: aros y pulseras hechos con alambre, compré pinzas y alicates y empecé a trabajar en eso. Tenía unos 20 años, pero no lo hice con continuidad, de a poco me empezó a gustar más la escultura y abandoné la pintura y el dibujo”, introdujo.
“Primero empecé con candelabros de bronce y cobre, metales no ferrosos, y después tuve la necesidad de hacer algo más artístico –prosiguió-. Así empecé a soldar con distintas técnicas”. Siguiendo con el relato, explicó: “Después me compré una soldadora eléctrica y empecé, con esfuerzo, a hacer algunos trabajos en hierro. Así fui reemplazando los otros metales y ahora trabajo exclusivamente con hierro y soldadora eléctrica”, contó.
“Mis primeros intentos –continuó- fueron bailarinas, figuras humanas en alambre de hierro galvanizado, retorcido, atado y sin soldadura. Y también empecé con las máscaras, hechas con distintas piezas”.
Y aquí comienza la verdadera historia.
MASCARAS
Las piezas de arte que hicieron conocido inicialmente a Oscar Scarafía fueron sin dudas las máscaras. Logradas con piezas enteras sin modificar, un simple engranaje oxidado podía terminar siendo el más bello ojo. La mayoría de sus componentes son piezas recicladas.
Scarafía fue un fundador en el género: “En su momento me gustó mucho –contaba Oscar- un escultor español que se llamaba Julio González, el precursor de la escultura en hierro. Pero yo ya había intentado hacer algunas cosas antes de que surgiera Julio González aquí”, recordó.
Y entonces la esencia del artista: “De pronto uno ve una pieza tirada en un taller y se le ocurre que esa pieza puede ser un ojo de una máscara. Y en la primera etapa me gustaba mostrar la dualidad del ser humano, las contradicciones, los pensamientos opuestos: en una máscara lo expresé en que un ojo era el símbolo de la paz y el otro ojo era una esvástica”.
“Era un mensaje duro –continuó- y lo sorprendente es que rápidamente esa máscara la vendí, yo había pensado que no se la iba a vender a nadie. Hice una muestra en el café literario Osvaldo Bayer, de las Madres de Plaza de Mayo en Buenos Aires, y la vendí allá –recordó-“. Para lograr estas obras de arte Oscar culminó en el uso del hierro, pero también trabajó el aluminio, el bronce y cobre. Nunca el oro y la plata, más propios de la orfebrería.
FORMA DE TRABAJO
Scarafía contó que a veces tiene una idea de qué es lo que quiere hacer y trata de encontrar las piezas: como que un trozo de hierro se parezca al cuello de un ave. Trabaja sin bocetos, los dibujos los tiene en la mente. Otras veces recorre a pie distintos lugares donde compran metales, en estaciones de tren abandonadas, en caminos cercanos a las vías… cada pedazo de hierro es una potencial obra de arte en su creatividad: “Entonces veo la pieza y ahí se me ocurre una obra”, dijo con simpleza.
“Generalmente no tengo todas las piezas para una obra –siguió-, tengo un montón de piezas tiradas, y reúno dos o tres. Ese será el cuerpo de un pájaro, o el cuello, lo empiezo a soldar pero todavía no sé cuál será el pico o las patas. Lo resuelvo después”, contó. Quizás una de esas obras más logradas es la llamada “El Flamenco” (ver foto), hecha en tamaño real, con una altura de casi 1,5 m. En casi todos los casos trata de no modificar la pieza, busca una para ese fin.
Realmente no es óleo ni cerámica: “Es un trabajo duro –continuó-. Es un trabajo de taller, de corte, de soldadura, de limpiar el metal con un cepillo eléctrico, con la amoladora, hay que protegerse los ojos, es parecido al taller de un herrero”, describió.
MUESTRAS
Su primera exposición fue aquí en Rafaela, en La Máscara, y se llamó “Máscaras en La Máscara”. Allí empezó a tener clientes que compraban sus obras y también en forma particular, señal de que su arte era admirado.
Después vinieron muestras en Esperanza, Sunchales; y en salones de Buenos Aires obtuvo algunos segundos premios o menciones especiales en galerías privadas, como la Galería Braque, y en la muestra Tango al Mundo. También expuso en Laboratorios Mega de esta ciudad. Ahora se encuentra proyectando obras grandes para exhibir en exteriores, como jardines.
“Me siento muy a gusto con esta expresión artística –concluyó Scarafía-, sobre todo el hierro me gusta mucho. En estos momentos estoy haciendo algunos pájaros, peces, y algunas esculturas abstractas”. “Mi obra más grande tiene más de 2 m de altura y pertenece a una empresa que vende aceros, es un Quijote; y mis obras más chicas tienen sólo algunos centímetros”, finalizó muy satisfecho, el escultor.