Por Hugo Borgna
Dice Inesita de Rojas: no pretendo invalidar vuestra autoridad ni influir en los relatos de Tonito. No pido cielo para mí, ni exijo que los saque del infierno. Solo pido piedad para ese montón de hombres y mujeres para los que, siendo vuestros hijos, no les ha alcanzado la vida para reconocerlo”
En la azarosa vida de los libros, en sí mismos, hay tantas o más alternativas que en la existencia de los humanos, sufrientes criaturas que también padecen difíciles situaciones. Además de tener que cargar con el castigo impuesto por José Hernández, de que “debe trabajar el hombre para ganarse su pan”, la mayoría de las veces los imponen a los personajes que habitan en los libros (los consecuentes “personajes”). Son pesadas cruces que los autores no soportarían ni un minuto si tuvieran que transportarlos en vida propia.
¿Le pedirían ayuda a un juez, para sentirla menos pesada? ¿Les ayudarían ellos en la, imposible de predecir, aventura de que una obra (un libro detalladamente elaborado) deba pagar el impuesto del lugar de nacimiento en una ciudad decididamente importante, dentro de una absorbente provincia y una insaciable Nación?
Patricia Gregorchuk nació en Buenos Aires en 1967. Es habitante de Rafaela desde 1991. Formada por sus propias lecturas y sólida capacitación literaria recibida en el taller literario organizado y dirigido por la trascendente Elda Massoni, escribió artículos periodísticos y cuentos para varias revistas. Obtuvo premios en concursos literarios de poesía y cuento de la Provincia. Junto a otros autores locales participó en 1999 del libro de cuentos colectivos “Escalera de Papel”. Por lo demás, es autora de la novela histórica “Setiembre azahares”, que ya conociera la luz de la publicación.
Participó en antologías de Lobos -provincia de Buenos Aires- y de Córdoba; también lo hizo en el concurso organizado por el Fondo Editorial Municipal de Rafaela, con premio de publicación con la novela “El ayudante del juez”, libro del cual estamos hablando, obteniendo el primer premio, consistente en la publicación.
Si vamos por un momento al comienzo de este material en forma de artículo, podremos ver un párrafo que contiene una especie de conclusión: la reflexión que hace el personaje Inesita de Rojas, uno de los que elige Patricia Gregorchuk para tener apoyo testimonial, determinante de diferentes ángulos en primera persona, de habitantes de la novela universal (esa que abarca a
todos los seres) y también de enfoque individual: cada uno representa sin saberlo a un sector que se manifiesta en la profunda autenticidad de juzgar desde la clara situación de haberla experimentado.
“El ayudante del Juez”, de Patricia Gregorchuk, se hizo papel en 2011 y desde entonces dice, como en la sensitiva poesía “he aquí (…) que me han hecho tu amigo” y que (con quien) cada noche conversarás conmigo”.
Los libros originados en la ciudad de Buenos Aires (decirle CABA parece un tecnicismo generado en la indiferencia), como los que nacieron en otros lugares del País, tienen potencialidad de llegar a ansiosos lectores, con o sin previo premio que funcione como garantía. Las vías de distribución de todas las obras se abren con atento interés en lectores bien informados.
El hecho de que Gregorchuk haya nacido en Buenos Aires y transcurra entre nosotros su óptica, muestra una integración con la búsqueda, la investigación y el siempre justificado interés por la ficción que el libro supone. Éste y todos sus iguales merecen ser considerados objetos de culto.
Penetrar en este universo interno, dentro de un conjunto individualista con pretensión de abarcar, es un juego de libre apertura donde las reglas están para ser atendidas, mientras esperan la oportunidad de saltarle a la vista al lector si él intentara pasarlas de largo.