Este es un comentario en virtud de la nota al escritor y periodista Jorge Fernández Díaz, sobre el Papa Francisco, publicada en la página 16 de la edición del día 21 de Febrero último.
Esa opinión refleja la manera de pensar de muchos amigos, parientes, vecinos, es decir, de muchos argentinos. Mi aporte parte de la afirmación del periodista que dice “en lo religioso no podría juzgarlo, pero en cambio en lo político sí, dejando mucho que desear para la Argentina. Es un conservador popular”, y la otra afirmación que es el título de la nota “El Papa actúa de una forma en Europa y otra en Latinoamérica”, y el recuadro “Ibamos hacia la Patria Grande”.
Lo que más impresiona de Francisco es la “contemporaneidad de Cristo”. El hace a Cristo contemporáneo de nosotros. Nos lo hace “Presente”. Generando las mismas reacciones, casi idénticas, a las que generaba el mismo Cristo. Sus preferidos eran “Mateo y Zaqueo” ambos cobradores de impuestos, que estafaban a su propio pueblo a favor el “Imperio Romano”. La Samaritana, con cinco maridos. La prostituta, al borde de ser apedreada, por los “puros de su tiempo”, la otra mujer de mala vida que le limpiaba los pies con sus cabellos en casa de un fariseo, los enfermos de todo tipo, los pobres de todas las condiciones, los de las periferias sociales y humanas, existenciales. Son exactamente los mismos preferidos de Francisco. No es una elección “política” sino “evangélica”. De personas “reales, concretas e históricas”. No son los “pobres y descartados” de las ideologías, sino los de carne y hueso.
Desde el mismo día que asumió su pontificado dijo “Quiero una Iglesia Pobre para los Pobres”. Todo su Magisterio está orientado en este Sentido, desde la Lumen Fidei, la Evangelii Gaudium, la Misericordiae Vultus, la Laudato si, la Amoris Laetitiae, la Misericordia et Misera, el mensaje para la Jornada Mundial de los Pobres “No amemos de palabra sino con Obras”.
Todos sus “Gestos” acompañan a sus “Palabras”. Esos gestos y palabras hay que enmarcarlos en la “novedad histórica” que significa un primer Papa Argentino, Latinoamericano, Jesuita y que se llama, ni más ni menos, que “Francisco”.
Cuando un “gesto” nos provoca (Pro – Vocación), significa que nos abre a un horizonte nuevo. Los Argentinos estamos “enfermos de Ideología”, somos un fruto privilegiado del Siglo XX. Es como si todo el ideologismo del Siglo XX se hubiese concentrado en la Argentina. Y Justamente por eso el Espíritu Santo nos eligió un Papa Argentino, fuera de todas las previsiones “razonables” del cálculo humano. La tarea más decisiva de Francisco es la “desideologización” del mundo, justamente, para humanizarlo; y decidió empezar desde dentro, ya que la Iglesia Católica, también está contaminada de esa “Ideologización dominante”. Todos nos sentimos capaces de “juzgar a los otros” según nuestros parámetros. Y estos parámetros son “Ideológicos”.
La terapia de “desideologización” propuesta por el Papa Francisco parte de una “Mirada” no ideológica de la realidad. La expresión más aguda, profunda y madura de su pensamiento es la superación de un proceso histórico que tiene 500 años de vigencia en la “mentalidad dominante”. El proceso que parte de Descartes, Kant, Hegel y que termina en Nietzche, Freud y Marx, ha traído como resultado un mundo “líquido, nihilista, apático, deshumano” donde la lógica de subsistencia sea la “indiferencia” el “vivir distraídos”, y la “cultura del descarte”.
Ante esta realidad Francisco nos propone “El tiempo es Superior al Espacio”, “La Realidad es más importante que la Idea”, “La Unidad prevalece sobre el conflicto”, “El Todo es superior a la Parte”. Esto es descifrar la realidad desde dentro, no intentar cerrarla en un concepto. Por eso él habla sobre todo con “gestos” que luego son acompañados con “palabras”.
Comprendo perfectamente la postura de “Fernández Díaz”. Es un claro reflejo de lo que “el mundo” dice de Francisco. Yo trato de leer el mundo por lo que dice Francisco, y no a Francisco por lo que el mundo dice de El.