La 'resaca' de este verdadero pandemónium vírico, fin del mundo conocido hasta su tremenda y luctuosa emboscada, nos asomará a un mundo completamente distinto, mejor o peor, según vayamos con nuestra genialidad innovadora y creativa humana; o reincidamos en recidivas globales de autoinmolación, largamente verificadas, intergeneracional y secularmente.
Afortunadamente la opción es clara: “egoísmo e indiferencia” o “cooperación y solidaridad”, y dije clara, no fácil. Ahora mismo, aquí y allá, allá y aquí, la revalorización de la vida y el temor a la muerte, súbita y recelosamente, recobraron toda su real dimensión, connotaciones, incertidumbres e intensidad.
Lidiar con las consecuencias de la pandemia del coronavirus, no podrá prescindir de solidaridad, cooperación, fraternidad y confianza reciprocas en los sistemas de producción y distribución de bienes y servicios, lo cual implicará su reconversión, reconfiguración y resignificación; todo ello sin perjuicio de prevenir ´desde los tejados de las casas´ a la humanidad toda, sobre recidivas de "tentaciones"; autocráticas (que de hecho ya se dan por estos días), autoritarias, nacionalistas, xenófobas o totalitarias nefastas; claro, con “excusas pandémicas, hiperboladas”.
Así las cosas, el hoy el aquí y el ahora nos exigen un nuevo orden mundial con nuevos liderazgos (hoy por hoy se perfila Alemania) para que, mancomunadamente, podamos lograr con apropiada tensegridad y la máxima resiliencia posible un nuevo contrato social, pero ahora no a partir de grandes intereses o vencedores (¿acaso los hay?) sino haciendo foco en la persona, la familia, la cooperación y la solidaridad; madurando fundacional, digital, nacional e internacionalmente, uniones cooperativas entre productores/consumidores y prestadores/usuarios, sin apabullantes intermediarios innecesarios ni lucros insaciables (vg., según hoy traducen tremendos sobreprecios usurarios de barbijos, alcohol en gel, alimentos, medicamentos, etc.); todo ello desde un respeto mutuo, simétrico, en pos de una cultura del encuentro y de la satisfacción, sin exclusiones ni congéneres descartados.
Ante el desafío digital sistémico, omnipresente y desigual que viene cambiándolo todo, emergieron nuevas relaciones sociales, sanitarias, educativas, laborales (teletrabajos/homeworking), culturales y hasta religiosas, como se verifican por estos días.
En efecto, ante un obligado uso profuso de “las redes” vg., no solo se trabaja, se compra y se vende, se enseña, se aprende, se hace periodismo, teatro, música y canto sino que todas las profesiones pueden atender vg., médica y psicológicamente desde casa.
Particularmente me llamo la atención una curiosa e inédita manifestación cultual: la práctica digital masiva de ´diversas liturgias´ desde el domicilio personal de cada creyente, feligrés, adherente o simpatizante; algo que ya advirtió y desautorizó el astuto papa Francisco con su sagacidad característica, en tanto y en cuanto lo digital se contrapone a ´comunión o sacramentalidades católicas públicas y tangibles´, físicamente coparticipadas, porque así fueron secularmente concebidas y sostenidas.
A propósito del papa Francisco, acaba de pronunciarse en cuanto que, no se debe convivir con quienes desde la cultura del descarte, en esta época de pandemia, hacen vil comercio con los necesitados, sí, esos que "se aprovechan de las necesidades de los demás y los venden: los mafiosos, los usureros y muchos otros".
Indubitablemente y como nunca, el COVID-19´ nos aisló físicamente, mediatizó e incomunicó personal, familiar, amical y relacionalmente (nadie sabe por cuánto tiempo; si sabemos que toda paciencia y resiliencia, tienen su límite). De tal manera, por estos días nuestra sociabilidad humana debe subordinarse a la conexión vía WiFi e Internet; entre confinamientos y confinamientos, no más. No obstante todo, esta crisis es “la oportunidad” de mancomunarnos hacia una economía menos líquida, más humana; desacelerando el vertiginoso e idiota ritmo de consumo actual para alentar sustentables producciones, industrializaciones y distribuciones satisfactorias e incluyentes para un buen vivir, “buen vivir” que nos faciliten y recuperen activamente una ecología integral y un desarrollo humano noble y cabal, urbe et urbi.
Ojalá entonces, mancomunidades cooperativas inspiren la justa condivisión entre las naciones y sus instituciones para afrontar la crisis actual de manera solidaria y más fraterna, y así, recién poder lograr noble igualdad y responsable libertad, porque -reitero- ´sin una visión de conjunto, ¿cuántos y cómo tendrán futuro?
Un párrafo singular, condicionante y determinante, le corresponde al suicidamente postergado compromiso ecológico integral. El nuevo orden global que propongo debe de asignar un rol vital al “cuidado de la casa común”; democratizando y humanizando sin ambages, ciencia, tecnología, robótica, inteligencia artificial, finanzas, empresas, gremios y sindicatos para que cooperen con el nuevo orden mundial, sin prevalecer sobre el bien común ni un bienestar general global, duraderos.
Es claro que el valor cooperación y solidaridad como levadura de comunidad, se validará como decisivo para la cohesión y la supervivencia digna y decorosa de los pueblos. Preconclusivamente, ante esta luctuosa realidad de realidades globales, resulta reconfortante y clarividente que autores de la talla de Mario Bunge, Antonio Colomer Viadel, Yuval Harari o Manuel Trajtenberg coincidan en cuanto que, deberemos tomar una decisión solidaria también global.
Sin titubeos y con la inspiración de Mario Bunge, iremos entonces por la senda de la desunión o tomaremos el camino de la solidaridad mundial para gestionar bienes comunes como la salud o la economía, puesto que, elegir la desunión no sólo prolongará la crisis, sino que probablemente dará lugar a catástrofes aún peores en el futuro.
Finalmente, elegir una activa solidaridad mundial no sólo será una victoria contra el coronavirus, sino también contra todas las futuras crisis y epidemias que pudieren asolar la humanidad durante este siglo XXI.
Por último, cuando lo viejo no acaba de morir y cuando lo nuevo no acaba de nacer, reitero, sin una visión de conjunto, ¿cuántos y cómo tendrán futuro?
(*) El autor es investigador Cijs / UNC. Profesor de grados y postgrados. Experto CoNEAU /Cooperativismo. Premios: ADEPA-FACA mención a la Abogacía, 1990´ y Gota en el Mar Madre Teresa de Calcuta al periodismo gráfico solidario, 2005´ y 2007´.