Por Liana Friedrich. - En la entrevista que “Los olvidados”, de “Cable y diario”, le hacen al escritor, él mismo explica la significación del título de su nuevo libro: Sísifo es una metáfora del hombre condenado eternamente a repetir la misma historia, una y otra vez, cíclicamente. Este mito resulta convocante a partir de mediados del siglo XX, con el planteo existencialista de Camus o de Kafka, sobre el absurdo de la vida. No obstante, a pesar de la inmensa angustia que produce la lucha vana por alcanzar la sabiduría, existe en la obstinación y en el esfuerzo una recompensa; por eso sentencia Camus al finalizar su ensayo filosófico: “Hay una felicidad metafísica en la defensa de la absurdidad del mundo”. Es tal vez la misma sensación que experimenta el protagonista de su nouvelle “El ciclo de Peuser”, donde este mismo concluye: Cuando nada tiene sentido es que podemos comenzar a construir un sentido que nos sirva. Uno a nuestra imagen y semejanza. Habrá que trabajar duro, pero tenemos todo el tiempo del mundo.
El mito de Sísifo se perfila en todas las narraciones de Antognazzi (no solamente en el cuento que le da nombre al volumen), como símbolo cíclico de recurrencia, ya que se empeña en reiterar situaciones, personajes, prototipos, recuerdos, ambientes, padecimientos... Las repeticiones se proyectan hasta el hartazgo: ya sea al límite, hacia el infinito, en lo cotidiano o lo impensable. Las vemos en la fabricación en serie, que -con algunas pequeñas diferencias- diseña el protagonista del primer cuento, en los recuerdos que pugnan por regresar y las comunidades que se multiplican en las islas de la segunda narración, hasta en la reiteración de la mentira y la falsa representación del tercer texto, como también en los múltiples Jesucristos que son crucificados injustamente con cada guerra, absurdamente en cada asesinato y cada calvario cotidiano, como apuesta al futuro y a la esperanza por parte del personaje paradigmático del cuento homónimo, o finalmente en el ciclo de una humanidad pergeñada por un antojadizo creador, quien se deleita en experimentar con sus criaturas, diseño tras diseño, generación tras generación, en la novela corta final, donde deja traslucir todos los planteos de raigambre existencial: tal como lo propone esa corriente filosófica, Antognazzi trata de encontrar, a través de sus producciones literarias, explicaciones a los problemas de la condición humana, tales como el absurdo de vivir, la significancia e insignificancia del ser, el dilema de la guerra, la libertad, la relación entre Dios y el hombre, el ateísmo, la vida y la muerte, entre otras.
Como expresara Camus: El absurdo no está en la conciencia ni en las cosas, sino en la imposibilidad de entablar con ellas otra relación más que la extranjeridad. Es decir que el hombre, para escapar de esa vivencia abrumadora, como acto moral supremo, enfrenta la realidad con la rebelión que significa volver a empezar: por eso lo que podríamos considerar sumisión o trabajo inútil, se convierte en triunfo. Citando nuevamente a Camus: El esfuerzo por llegar a la cima basta para llenar el corazón del hombre. La sensación de “sentirse extranjero” se advierte en casi todos los relatos de C. Antognazzi, porque el protagonista generalmente debe abandonar su lugar de pertenencia: no tiene otra opción que partir, y en su periplo se tiñe de ajenidad junto con el cambiante paisaje: es por eso que su estilo literario podría considerarse “realismo extraño”, donde lo inesperado puede consistir en un experimento, alguna tecnología no convencional, la existencia de mundos paralelos, seres extraños como los “gorgones”, que reaparecen en “El ciclo de Peuser, -narración de ciencia-ficción, que aunque se ubica en situaciones de la vida terrenal, se ve desplazada fuera de sus límites, para orillar lo fantasmal, desconcertando al lector con un más allá impreciso e inasible.
Decididamente, el arte de Antognazzi es de carácter simbólico, por eso requiere de sus destinatarios más de una lectura; sus desenlaces resultan inquietantes y se basa -a la manera kafkiana- en la contradicción acerca de la condición humana, ubicando los relatos en la perpetua paradoja, en la ambigüedad entre lo natural y lo extraordinario, lo mágico y lo cotidiano, la esperanza y la angustia, lo absurdo y lo lógico, en un constante juego de contrastes y paralelos que no hacen más que revelar la irracionalidad del universo.