Aquellos que en la calesita de la vida hemos dado más de setenta vueltas y saboreamos muchas “bagna caodas” porque tuvimos abuelos piemonteses o descendientes directos de ellos, recordamos ciertos conocimientos que ellos tenían de las cosas de la vida y que muchas veces nos causaban asombro por las certezas de sus dichos. Creíamos que esa sabiduría la habían adquirido en el curso de sus muchos años de vida observando a los hombres y a la naturaleza, pero en realidad su origen es mucho más remoto. Esa sapiencia popular ya era conocida en la región del Piemonte, en la vieja Italia, y fue transmitida oralmente de padres a hijos, generación tras generación hasta que, a su tiempo, fue traída a América por los colonos inmigrantes quienes supieron aplicarla a las distintas condiciones de la zona y a la gente que aquí encontraron.
Me parecer ver a la abuela Victoria mirando al cielo y diciendo: “Quand ël tèmp as deurb ant ël mesdì, a pieuv pì nen ant tut el dì” (Cuando el tiempo se abre en el mediodía, no llueve más en todo el día). Por eso, en lugar de dormir, salíamos a jugar a la hora de la siesta seguros de que la lluvia no nos mojaría, y así sucedía. En cambio cuando usaba su poder de observación para decir “Se ´l gal as grata ´l darè, la pieuva a peul nen tardè (Si el gallo se rasca el trasero, la lluvia no va a tardar) al rato debíamos correr a buscar resguardo bajo un fuerte chaparrón. Al atardecer del día anterior a la fiesta de San Carlos el abuelo Juan anunciaba su segura suspensión porque: “Quand che `l sol a va a deurme con capel an testa, a pieuv prima ch´a sia la festa” (Cuando el sol se va a dormir con sombrero (nubes) en la cabeza llueve antes que sea la fiesta). Nos aseguraba que “Tant a l´è caod l´istà com´a sarà freid l´invern” (Tanto es caluroso el verano como será frío el invierno) y también nos repetía el clásico dicho de: “Vent ëd la còsta la pieuva a l´è nòstra” (Viento de la costa la lluvia es nuestra). Pero algunas veces no sucedía lo pronosticado y entonces la abuela, sin inmutarse, lo explicaba diciendo: “J´òmini a fan ij pronòstich, ma Dio a fa ´l temp” (Los hombres hacen los pronósticos, pero Dios hace el tiempo).
Y que decía del amor la tía Marietta, solterona y fea: “L´amor a l´è borgno” (El amor es ciego) y seguía esperando que al menos la mirara un corto de vista. En cambio la tía Lussia, pizpireta ella, decía “L´amor sensa bacin a l´è pan sensa sal” (El amor sin besitos es pan sin sal). Mientras tanto Yaco, el tío picarón, comentaba “Ël diav a fà la torta e le dòne it la fan mangè” (El diablo hace la torta y las mujeres te la hacen comer), y se mantenía soltero diciendo “Ant la guèra dël amor a goadagna chi scapa vía” (En la guerra del amor gana quien se escapa)
Al abuelo le gustaba el vino y nos recomendaba “Doi bicer ëd vin a l´è ´n causs al medich” (Dos vasos de vino es una patada al médico) pero la abuela quería hacerle dejar esa bebida, entonces él la amenazaba con aquello de “Quand ël vej a lassa ´l vin, valo serchè ´nt l´autr mond” (Cuando el viejo deja el vino lo va a buscar al otro mundo) y la nona lo hacía callar diciéndole: “Bah, bah!... paròle d´aso a van nen al cel” (Bah, bah!... palabras de burro no van al cielo”.
Para cada cosa tenían sus dichos y en la mesa escuchábamos a los nonos comentar sobre personas que no nombraban: “Cost avar a l´è come ´l ciocaton, pi a beiv pi a l´ha sej” (Este avaro es como el borracho, más toma más tiene sed), “A cost gat vej a-j piaso ij ratin giovo” (A este gato viejo le gustan los ratoncitos jóvenes” o “Ant una ca a va sëmpre mal quand la dòna pòrta le braje e l´òm ël scossal” (En una casa va siempre mal cuando la mujer lleva los pantalones y el hombre el delantal) y finalizaban los comentarios subrayándolos con el clásico “Oh già, a l´è pròpi parej” ( Oh sí, es propiamente así).
Nuestros bisabuelos, aquellos viejos colonizadores que pasaron tantas penurias en la soledad de la “pampa gringa”, decían “Con la fam ël pan dur a ven fròl” (Con el hambre el pan duro se vuelve blando), y “A l´è mej l´euv ancheuj che la galin-a doman” (Es mejor el huevo hoy que la gallina mañana). Para ellos el trabajo era un sagrado precepto a cumplir porque “Chi a mangia sensa travajè, s´a l´è nen rich a dev robè” (Quien come sin trabajar, si no es rico debe robar) y le decían a sus hijos “Chi ch´as vergògna ëd travajè, ch´as vergògna dcò ëd mangè” (Quien se avergüenza de trabajar que se avergüence también de comer).
En lo que respecta a religión la nona nos advertía que “L´òm propon e Dio a dispon” (El hombre propone y Dios dispone) y que teníamos que tener mucho cuidado en lo que hacíamos porque “Andova ´l diav a veul nen fichè la testa a-j fica la coa” (Donde el diablo no puede meter la cabeza mete la cola). En cambio el nono, remiso a concurrir a la iglesia decía “Chi fa come ´l preive a dis a va ´l paradis, ma chi fa lo che ´l preive a fa, a ca dal diav a va” (Quien hace como el cura dice va al paraíso, pero si hace lo que el cura hace, a la casa del diablo va).
Como buenos piemonteses, opinaban del dinero que: “Chi a presta a perd ël gal e la cresta” (Quien presta pierde el gallo y la cresta), o que “Un sòld risparmià a son doi guadagnà” (Un peso economizado son dos ganados). Pero vamos a terminar la nota porque la “bagna caoda” ya está servida y “La pi bel´ora për mangé a l`è cola che un a l´à fam” (La más bella hora de comer es esa en que uno tiene hambre) y el último consejo de los abuelos “Mangia bin, beiv mej, canta fòrt e avej nen paura dla mòrt” (Come bien, bebe mejor, canta fuerte y no tengas miedo de la muerte).
* Nota del autor: En la fonética piemontesa la “O” sin acento léase como “U”, la “J” como una “I” larga y la “Ë” casi muda.