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Tomás Maldonado: el hombre concreto

Por Leandro Martino Luna. - (*) ¿Qué tienen en común la Escuela Superior de Diseño – HfG en Ulm (Alemania occidental), Walter Gropius, el arte concreto argentino, la empresa de electrodomésticos Braun AG y la de máquinas de escribir Olivetti + la década del 60? La respuesta es el compatriota Tomás Maldonado que a sus 92 años de vida continúa viajando por el mundo y diseminando conocimientos y experiencia a todo aquel que desea escuchar a este intelectual técnico, creador y difusor del diseño moderno.

Nacido en la ciudad de Buenos Aires el 25 de abril de 1922. Artista plástico, diseñador y teórico del diseño industrial, docente. Protagonista de la renovación plástica de la década del 40 en Argentina, considerado uno de los principales teóricos del denominado enfoque científico del diseño industrial. Mucho han escrito y dicho sobre él, y es quizás el arquitecto y diseñador italiano Andrea Branzi quien mejor resume su extensa actividad profesional y académica en conmemoración de los 20 años del cierre de la Escuela Superior de Diseño de Ulm de la que fue docente y rector: “A esta estrategia de orden, tendiente a crear una invisible interdependencia entre el hombre y la tecnología, Tomás Maldonado ha aportado la fuerza de su gran naturaleza de argentino, como indagador de la perfección perdida, de patrias ideales, maestro en Europa de una idea totalmente argentina de la propia Europa, gran metafísico del pensamiento racionalista. La sutil vena melancólica de los objetos de Ulm deriva también de esta componente latina, inquieta y lúcida, siempre a la búsqueda de alguna cosa que no se encuentra y que, naturalmente, no existe”. 1


EL MOVIMIENTO DE ARTE

CONCRETO ARGENTINO

Arte concreto es una expresión acuñada en Europa, alrededor de 1930. Designa una modalidad de la abstracción que, mediante el empleo de formas geométricas y el análisis de los elementos plásticos, descarta toda referencia a un modelo a la vez que se propone desarrollar un sistema objetivo de composición. Estas obras creadas mediante el estudio de las leyes perceptuales y la organización racional de sus partes, son entidades en sí mismas (concretas) y no actúan como representaciones de otros objetos: buscan liberar al arte de una función narrativa. Se pretende lograr la autonomía del arte y se exalta la invención de formas y su infinita combinación. Se opone a las ficciones oníricas creadas por el surrealismo o a las emotivas del expresionismo, y radicaliza su carácter auto-reflexivo (camino emprendido por la modernidad estética en la segunda mitad del siglo XIX) logrando productos “concretos” dentro de las reglas de su propio sistema.

Esta actitud y los elementos puestos en juego, relacionan a este movimiento con el diseño, la arquitectura, la máquina y la invención, construyendo una estética que se articula en forma coherente con los descubrimientos científicos y técnicos del momento. De esta manera el arte responde a los requerimientos de un mundo nuevo e intenta propiciar un entorno adecuado para el surgimiento de una organización social armónica.

En 1930, el artista holandés Theo van Doesburg publica en París, en el único número de la revista “Art Concret”, un manifiesto de seis puntos que sienta las bases teóricas del arte concreto: arte calculado, lógico, que estipula la concepción de la obra “en la mente antes de su ejecución”. Presenta además La 'composition arithmétique', obra geométrica ordenada por relaciones lógicas y estructuras deductivas, que aplica el axioma según el cual “la construcción del cuadro, al igual que sus elementos, debe ser simple y controlable visualmente”.

El suizo Max Bill, ex alumno de la Bauhaus, continúa desarrollando los principios del arte concreto. Profundiza el método objetivo de creación al utilizar tramas, módulos, series, progresiones aritméticas y geométricas. En 1944 organiza en Basilea una importante exposición internacional de la tendencia.

Ese mismo año aparece en Buenos Aires la revista Arturo, que anuncia las primeras manifestaciones del movimiento concreto rioplatense. La abstracción había sido introducida dos décadas antes en la Argentina por Emilio Pettoruti. Entre 1945 y 1946 se consolidan las dos primeras agrupaciones, Asociación Arte Concreto-Invención y Movimiento Madí, y en 1947 se crea el Perceptismo, siendo la presencia de Tomás Maldonado clave en este contexto, de tal manera que al año siguiente (1948) viaja a Zurich y conoce a Max Bill, hecho que cambiará su vida para siempre. La personalidad polifacética de Bill que combinaba arquitectura, escultura con trabajos en publicidad, diseño gráfico e industrial lo contagia y acepta la invitación de este en 1954 para formar parte del plantel de una naciente institución universitaria: la Hochschule für Gestaltung de la ciudad de Ulm (Alemania occidental) o mejor conocida como “Escuela de Ulm”.


LA POLITICA Y EL

ARTE CONCRETO

En 1949, Oscar Ivanissevich, quien fuera ministro de educación (1948-50) del primer gobierno peronista, define al arte concreto como un arte morboso, perverso e inmoral. Y en esta condena coincide con el gusto dominante de los grupos conservadores que también veían estas nuevas formas como un insulto a la tradición artística. Existía una controversia con el arte figurativo oficial, representado por la denominada “escuela de París”. Posición que muta sorprendentemente durante el segundo gobierno peronista donde los artistas concretos participarían en bienales e importantes exposiciones nacionales e internacionales. El gusto por el arte concreto se oficializa y, por ende, institucionaliza.

La tendencia abstracta geométrica tiene desde entonces en la Argentina una amplia difusión. Deriva, durante las décadas siguientes, en movimientos de gran vitalidad: arte óptico, cinético y estructuras primarias en los 60; nueva abstracción, abstracción sensible y constructivismo latinoamericano en los 70 y 80; neo concretismo y neo minimalismo en los 90. La adhesión continúa aún hoy en la obra de los artistas más jóvenes y en las renovadas versiones de sus cultores históricos. 3

"Éramos la generación de la Segunda Guerra. El fascismo, la proliferación de dictaduras latinoamericanas, una oligarquía ciega y absurda y un arte […] almidonado, que tuvo algún mérito. Nos escribían con lápiz sobre los cuadros: 'Concretos concretinos'. Pero nosotros intuimos que cerraba un mundo y empezaba otro. ¿Qué podíamos hacer a los veinte años? Imaginamos cosas fantásticas: un mundo sin guerra, sin racismo, con más justicia, y el arte como elemento de coagulación de esas ideas. Una utopía", decía Tomás Maldonado en 2007. (* Prof. de Educación Superior Ciencias de la Educación en ITEC Rafaela e ISP N°2 “Dr. Joaquín V. González”. Licenciatura en Tecnología Educativa UTN-FRRa).


1- Blanco, Ricardo (2007). Notas sobre diseño industrial. Buenos Aires: Ed. Nobuko, 1ª edición, pág. 59.

2- Centro Virtual de Arte Argentino. Subsecretaría de Cultura. Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. [En línea].

3- Savloff, Judith. “Éramos jóvenes insoportables”. Perfil, Buenos Aires, 23 de diciembre de 2007, reprod., p.12.

Autor: REDACCION

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