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Tránsito diario: 4) Peatones

Después de haber transitado por el ámbito de automovilistas, conductores de motocicletas y ciclistas, es hora de ocuparse de los caminantes, seres que, no por no tener motor, no puede decirse que no sean tan importantes como los que están hechos de metal; son los que que orgullosamente exhiben su satisfacción porque se les ha destinado un sector de la vía pública y por allí andan, realmente a paso de hombre, despreocupados y a veces felices, salvo cuando sorpresivamente se les aparece algún desaprensivo motociclista o conductor de bicicleta que lo despierta de su sueño de exclusividad.

El peatón es la parte más sensible y frágil de la cuádruple ecuación del tránsito. Tiene la ventaja de no tener que pasar por las estaciones de servicio para cargarse de energía y de que, al no tener alta velocidad implícita, puede detenerse, girar y volverse en poco espacio, sin necesidad de hacer señas de luz, ni tampoco precisa extender los brazos hacia la derecha o izquierda para indicar el cambio de dirección que realizará.

El caminante de las veredas no tiene, en principio, posibilidad de generar peligro hacia los demás porque es previsible su avance mirando sereno andar, y hasta podría decirse que no merece que se le haga ninguna observación en cuanto a su conducta vial. Es más, es –a priori- el elemento que circula con más oportunidades de convertirse en víctima, y en esos casos tiene el inconveniente de que no puede hallar repuestos a su endeble carrocería en locales de comercio comunes.

Pero su andar no es tan inofensivo.

Si bien en la vereda tienen bastante protección, en la calle no es lo mismo aunque crucen pensando que sí lo están, especialmente cuando lo hacen sin mirar hacia atrás, en el centro de la cuadra y en diagonal, de espaldas al sentido de circulación de los vehículos.

Deberían saber que el espacio peatonal es el único habilitado para ellos, en razón de que los automovilistas están obligados a reducir (“sensiblemente” según la ordenanza municipal) la velocidad al llegar a los cruces de calle, lo que significa que en la mitad tienen autorizada la más alta dentro de los límites establecidos, y si allí se les cruza una persona, el frenar se les puede hacer complicado porque detrás tienen otros automóviles y puede ocasionarse un choque entre ellos. Los peatones, siempre deben mirar atentamente y hacia todos lados, evitando los cruces de calle y los movimientos de toreros al esquivar autos y motos que les pasan cerca. Además, está el tema del cruce cuando hay semáforos, que establecen también la oportunidad que tienen los peatones para cruzar. Queda dicho claramente con esto que son la parte más frágil del tránsito.

Y en definitiva, por ser personas grandes, desarrolladas y con conocimiento de los riesgos que implica la circulación en la ciudad, no haría falta reclamarles ninguna atención especial porque tienen en su haber la experiencia diaria de caminarla, pero teniendo en cuenta el peligro que crean para ellos al cruzar la calle hablando por el celular -con o sin auriculares puestos- deberían asegurarse, antes de bajar de la vereda, que Dios en ese momento los esté mirando.



Autor: Redacción

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