Información General

Un gato no tan particular

“Michimiau”, de Silvia Marzioni y Florencia Laorden, literatura infantil (nivel didáctico hasta seis años), programa Rafaela Lee, Secretaría de Comunicación Pública Municipalidad de Rafaela, edición julio de 2017. Por una cuestión solamente de etiquetas, debemos clasificar a “Michimiau” como un libro “para chicos”, pero es sabido que eso no significa disminución de capacidad intelectual, ni carácter de nivel inferior.

¿Y en cuanto a los gatos? Esos animales (preferimos esa definición a la cosificada de “mascotas”) dueños del hogar, reclaman todo el tiempo -y con recursos “lícitos”- nuestra atención.

En “Michimiau” hay niños en triciclo y con gorra, algunos adultos que miran desde una ventanilla y sobre todo, lo que sugiere –más bien dice claramente- el título del libro, gatos (o, mejor dicho, “un” gato), olores y sabores favoritos y veredas que lo permiten todo. Y una historia propia de cualquier ser vivo, no importando si maúlla o habla.

Muchos son los méritos para destacar de este adecuado y coherente libro. La anécdota relatada, obra de Silvia Marzioni, y las imágenes que produjo Florencia Laorden son ricas y abarcadoras. Los colores no estallan ante la vista sino que iluminan con precisión las sensaciones (¿y por qué no los sentimientos?) del felino que nos lanza esa mirada llena de significados desde la portada, y sus vivencias naturales y sentidas durante una jornada intensa y cambiante, todo proporcionalmente según resulta el concepto de complejidad en juego, de un día cualquiera en la vida de un gato o de un humano, resultando que los estados o momentos felices son circunstancias que surgen porque sí, y hay que estar preparados y atentos para saber reconocerlos.

No es sencillo ser humano -o felino- en el sentido cabal de la existencia de cada uno. Habría que preguntarse cómo nos arreglaríamos los que no somos gatos para hacernos entender con la sola posibilidad de emitir maullidos.

El libro-objeto requiere una estética especial; está destinado a sorprender, rompiendo en cada caso con las reglas básicas e históricas de la forma rectangular y la sobriedad en los detalles, como en el caso de los libros para adultos. Crear un libro-objeto necesita de una visión amplia y la obligación de que se distinga de los anteriores de su especie, haciéndolo lucir como creativo y atrayente desde el primer golpe de vista.

Didácticamente impecable, “Michimiau” incluye detalles en su presentación que enriquecen la imagen de un libro destinado a ese público que es mucho más exigente que el de los adultos. Absolutamente instalada desde hace tiempo, la idea del libro-objeto con todo el cuidado -ya tradicional- y la improvisación creativa –necesaria, hasta fundamental- , esta obra de Marzioni y Laorden aporta sustancialmente al concepto de “libro” con felices ideas, tanto en lo gráfico como en el texto.

Leer “Michimiau” lleva consigo una renovadora y fresca experiencia; ingresar por un momento –un valioso momento- a un ámbito intuido pero no conocido cabalmente, donde los protagonistas son también los sonidos y las miradas, un espacio que de tanto verlo no nos llama especialmente la atención.

No es casual entonces que las autoras, coherentes y asimiladas al material que ahora están ofreciendo, digan su historia artística de un modo directo y coloquial. Y es lógico: el libro está destinado a todos aquellos que armónicamente son (¿somos?) capaces de entender que verdaderamente las complejidades son simples y las simplicidades no lo son tanto como parecen.



Autor: Hugo Borgna

Estás navegando la versión AMP

Leé la nota completa en la web