Eligió irse en primavera, cuando todo florece, cuando los recuerdos se hacen ilusión y los sentimientos reverdecen, se fue Raúl “Cacho” Paublán.
Dueño de un manejo especial del micrófono, propietario de una historia llena de escenarios y horas de radio, uno de los locutores más reconocidos y queridos, se fue en una jornada de octubre.
El reconocimiento popular le llegó con la radio, allá por 1970, pero mucho antes de ello, ya era un nombre -y apellido- propio en el mundo de los bailes y la presentación de espectáculos de todo tipo. Dicen que D`Arienzo lo iba a buscar en auto a su casa para presentarlo en las jornadas inolvidables de Independiente y que su tiempo en el escenario era ideal y apreciado. Dicen que marcó época. Dicen y debe haber sido cierto.
Cuando la onda de LT28 llegó a nosotros, lo tuvo como locutor y como conductor especialmente admirado, con una particularidad que muy pocos logran: grandes y chicos lo seguían, porque tanto aportaba a la música tradicional como a la nueva, la que siempre estaba viniendo.
Así, fue el creador de uno de los más grandes éxitos de musicales como resultó “Ruta feliz” donde todos querían estar en la noche de los martes; también se hizo cargo de la mañana del domingo junto a la tía Teresita Volta con “La casa de los tíos” y, además, diariamente marcaba el rumbo con su música joven.
Referente inequívoco de los mejores momentos de la difusión marcó un hito especialmente apreciable: fue un nombre propio de cuatro décadas de la radiodifusión rafaelina y regional hasta que la máquina biológica, eso que nos marca todo, se quedó sin fuerza.
Quedará su mención, o quizás aquella frase tan propia cuando en su contacto diario del atardecer musical citaba como latiguillo de creación personal “en la tarde noche de Radio Rafaela”.
Se fue un amante del diálogo, de la comunicación y -muy especialmente- de la radio. No haremos un minuto de ningún silencio en su memoria. Cambiemos la rutina, sólo abriremos los micrófonos para que la vida, que siempre fluye le haga su homenaje a la medida de su paso. Pero se fue Cacho y hay tristeza.
Edgardo Peretti