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Un momento especial

Por Gabriel Corrado. - Alguna vez tuve la posibilidad de ver, escuchar y emocionarme con Juan Pablo II en su segunda visita a nuestro país pero el momento vivido el miércoles pasado será inolvidable.

Horas antes de la audiencia general, que gestionó el padre Antonio Grande, llegamos junto a mi esposa y otros argentinos a la "Porta Santa Ana", para posteriormente trasladarnos hacia un sector lateral a pocos metros del altar principal.

La espera matutina transcurría con lluvias intermitentes y hacía que el conjunto de paraguas se una en uno solo multicolor. Como una postal podíamos ver la plaza repleta de fieles de distintas nacionalidades.

Poco después de las 10 ingresa a la Plaza San Pedro, el Santo Padre en el tradicional papamóvil. Luego de varios recorridos saludando a los feligreses reunidos en la plaza, llegó hasta la imponente escalera y se dirigió al altar para dar inicio a la audiencia.

Con un mensaje simple y conciso el Papa se dirigió a la gente refiriéndose a la catequesis centrada en el sacramento del Orden: “El obispo, el sacerdote y el diácono están al servicio de la comunidad, si no lo hacen no está bien. El sacramento les ayuda también a amar apasionadamente a la Iglesia, dedicando todo su ser y amor a la comunidad, que no la han de considerar de su propiedad: ni el obispo es el propietario de su diócesis, ni el sacerdote es el propietario de su parroquia, ni el diácono de su diaconía; es propiedad del Señor, al que tienen que servir”.

La sensación intangible de alegría y la emoción se podía sentir, parecían hacerse palpables. El cielo gris y la lluvia acompañaron los saludos protocolares de alrededor de una treintena de funcionarios de los distintos países del mundo.

Al comenzar una nueva recorrida, esta vez lo hizo alrededor del escenario donde se encontraban las delegaciones de diversos países. Recibió cada carta, respondió con un saludo a cada grito de atención por parte de la gente. Escuchó, sonrió, besó, dio su mano a la gran cantidad personas detrás de las vallas. Nos dedicó tiempo, siempre con su paso calmo y seguro.

El respeto logrado no sólo ante los funcionarios de turno es un simple detalle, lo que uno ha observado es el reconocimiento de la gente común. Todos destacan su humildad, su sencillez y su mensaje.

Seguramente, la historia escribirá que Francisco fue el Papa que comenzó la transformación de la Iglesia del siglo XXI; lo mostrará como un líder carismático, campechano y tranquilo. Una figura que supo perdonar a quienes no oían su voz pausada pero segura. La imagen de una Iglesia que se reaviva.

Francisco trasciende la Iglesia y es uno de los nuevos líderes del mundo.

Autor: REDACCION

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