La política puede ser un negocio o una vocación de servicio depende como cada uno la concibe. Cuando observamos diariamente que muere gente fruto de la inseguridad, o pasajeros de trenes que como todos los días se dirigen al trabajo y pierden su vida, o ancianos que intentan sobrevivir entre adultos que los consideran una carga, sin apenas darse cuenta que en unos años les tocará a ellos, o niños y jóvenes que no acceden a una educación mínima por estar afectados al trabajo precoz, o una televisión que dé oferta de calidad poca, o una sociedad que parece un teléfono descompuesto, es cuando me pregunto si la política es un negocio o una vocación de servicio. Al instante me respondo que hay aquellos que intentan mejorar, recomponer, renovar, transformar y son boicoteados, pero también descubro que la gente ya no es tonta, piensa, analiza, decide.
A todos los políticos les digo, pónganse lentes de niños que les permitirán volver a reencontrarse con sus sueños primeros y redescubran el placer de dar sin esperar nada a cambio, construir sin recibir laureles, avanzar sin preocuparse por lo que lograrán.
Esta vida no es un borrador, no hay otra vida acá en la tierra para perfeccionar nuestros errores, nadie cree en Dios hasta que se encuentra en la antesala de la muerte y asusta la partida, esa partida que para algunos es el final y para otros es el momento de entregar al todopoderoso el libro de nuestra vida con nuestros aciertos y errores, para que haga el balance final, que si nos da en rojo será una sensación de vacío, por no haber sabido aprovechar el espacio que tuvimos para cambiar al menos algo, tal vez mínimo, en este mundo tan bello y tan maltratado por el hombre que jugó a ser Dios.
Este domingo tendremos otra oportunidad histórica de crecer como ciudadanos una vez más, nadie nos obliga, somos libres de elegir en el cuarto oscuro, estamos solos y con nuestra conciencia, no importa lo que hagan, pero háganlo desde el corazón, porque si no correremos el riesgo de no poder mirar en el futuro a nuestros hijos a los ojos. Nuestros hijos, sobrinos, nietos y nosotros mismos nos merecemos una decisión pensada y reflexionada que no deje lugar para el error, al menos para cada uno.
Finalmente política hacemos todos, desde los diferentes roles y funciones que desempeñamos y es ahí, donde nos definimos como personas. Definirse como persona implica optar y en esa opción va lo que somos, lo que creemos y lo que queremos para el futuro de nuestras familias.
La política no debería ser un negocio sino una vocación de servicio que el pueblo espera de las personas que se postulan para dirigir el destino de la patria, nuestra raíz, nuestro suelo, nuestra identidad.