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Un trabajo sacrificado

El año laboral de los canillitas tiene 359 días, la misma cantidad en la que aparecen los diarios que distribuyen bien temprano entre todos sus clientes habituales pero siguen vendiendo a lo largo del día a los lectores ocasionales. "Hasta hace un tiempo no trabajábamos solamente el 1º de Mayo, en Navidad y Año Nuevo. En los últimos años recuperamos algunas fechas, como el Viernes Santo, nuestro Día del Canillita y el Día de la Virgen el 8 de diciembre", afirma Víctor Ambort, el secretario General del Sindicato de Vendedores de Diarios y Revistas de Rafaela y el Departamento Castellanos (Sivendia), que nuclea a más de 80 trabajadores. 

"Los domingos y los feriados tenemos más trabajo que otros días, porque la gente tiene día libre y le dedica más tiempo a la lectura de diarios y revistas, por eso tenemos un reparto más importante. Así que tener un Día para nosotros es muy bueno, un pequeño descanso", dice Ambort, quien esta noche participará de la cena que se realizará en el Salón de Usos Múltiples del Sindicato, ubicado en calle Marie Curie 66. 

Omar Plaini, secretario General de Sivendia de Buenos Aires, consideró que el canillita no es sólo el que reparte los diarios y revistas sino que es un "actor fundamental de la cultura", un eslabón clave en el proceso informativo de toda sociedad. 

El Día del Canillita comenzó a festejarse el 7 de noviembre de 1947, en honor al día en que murió el escritor uruguayo Florencio Sánchez, autor de la obra teatral "Canillita", cuyo personaje era un chico que voceaba diarios por la calle y al que por vestirse con pantalones que le quedaban cortos se le podían ver sus piernas flacas, sus canillas.

Pero el otro dato importante a nivel histórico se relaciona con el surgimiento de la venta callejera de los diarios. En este sentido, la primera vez que en Argentina se escuchó vociferar a un canillita fue el 1 de enero de 1898, cuando un joven gritaba "Compre La República", "La República, a medio peso". Se trataba de un diario que había aparecido ese día en Rosario y que fue fundado por Lisandro De la Torre en momentos en que se había alejado de la Unión Cívica Radical.

Precisamente De la Torre designó en la dirección a Manuel Bilbao, quien fue el creador de la venta directa en la vía pública. Sucede que hasta ese entonces, los periódicos se distribuían mediante el formato de suscripción y se entregaba a través del correo, por lo que llegaba con retraso a las manos de los lectores.

En este contexto, Bilbao consideró que la venta ambulante podía representar un buen negocio para la empresa ya que el chico - canillita cobraba menos dinero que el correo mientras que el lector accedería al diario en el acto y más barato. Fue el nacimiento del oficio que recién adoptó el nombre de canillita en 1947, cuando siguiendo el consejo de Juan Domingo Perón, los trabajadores del sector se sindicalizaron y fijaron para celebrar el 7 de noviembre en homenaje a Florencio Sánchez, el uruguayo que nació un 17 de enero de 1875 y murió en Milán un 7 de noviembre de 1910. 

Al describir los pormenores de la actividad, Ambort no duda en sostener que "este trabajo es atadísimo, es agotador, contamos con unos pocos días al año de descanso y para tomarse vacaciones hay que poner empleados pero los números no dan, por momentos es estresante, además se compra de contado y se vende y se cobra como se puede, cuando la economía va mal, lo primero que cortan las familias es la compra de diarios y revistas". 

El titular de Sivendia Rafaela recuerda su primer día. "Comencé el 13 de febrero de 1970 y nunca dejé hasta ahora, estoy por cumplir 45 años en actividad. Compré un reparto a un muchacho que vendía diarios. Pensé que iba a durar una semana pero al final le dediqué toda la vida. Hasta ahora estoy en esto, ya llegando a los 70 años", se confiesa. 

"Cuando hace frío o calor, salimos a repartir, cuando tenemos fiebre, hay que salir igual. El canillita no se tiene que enfermar. Hace cinco años tuve que faltar una semana, un 30 de mayo cuando caía una helada brutal y estaba en la calle sufrí un principio de ACV. Me internaron de viernes a viernes, creo que fueron las únicas vacaciones que tuve (se ríe). Zafé de milagro. Me dijo el doctor que fue un penal que pegó en el palo y la pelota volvió a la cancha. También me dijo que no pida otro milagro, fue un llamado de atención. Dejé de fumar en ese instante y bueno, acá estamos a punto de cumplir 70 años el año que viene", asegura Ambort, feliz por esta segunda oportunidad.

Para el final, el dirigente envió "saludos para todos los canillitas de Rafaela y el departamento Castellanos, también para las empresas editoras y por qué no para nuestros clientes". 

Autor: REDACCION

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