Cuando al transcurrir la vida observo cómo se trata a los viejos, me corre por el cuerpo una impotencia que causa dolor a mi alma. Hace tiempo descubrí que el alma duele ante la injusticia, el atropello, la violencia, la indiferencia y cuántas cosas más.
¿Es que es tan difícil comprender que nosotros también seremos viejos, abuelos, ancianos? Claro ahora tiemblan, se olvidan, demoran con su andar lento, escuchan menos, pero reparamos en la sabiduría que encierran esos cuerpos ya gastados, pero sólo por fuera, porque por dentro cada día acumulan más enseñanzas para quien quiera oírlas.
Porque nos cuesta tanto detener la marcha de todos los días para tenderle la mano a un anciano.
A menudo me encuentro en colas de bancos, consultorios, plazas a ancianos y me detengo a observarlos y pienso: -si Dios me da vida tal vez llegue alguna vez a verme igual y no me disgusta, porque crecer en sabiduría es mi objetivo de vida, no me trauman ni las arrugas, ni no medir noventa sesenta noventa, ni la celulitis, ni nada. Es interesante sentarse en una plaza y ver cómo pasa la vida sin apenas darnos cuenta.
Hace algunos años también ese abuelo fue joven y vital y hoy los políticos pretenden sumar votos dándole migajas como si les dieran fortunas. Los abuelos siguen renegando haciendo colas en los bancos para pagar y no atrasarse en los impuestos, haciendo colas eternas para cobrar miserias que muchos pretenden que les alcance, cuando ellos gastan ese importe en medio pasaje de un viaje, o en unos litros de gasoil o nafta... ah, pero ellos tienen que pagar remedios, comida, dentaduras con un vuelto miserable y comprarse un libro o darse un placer les está vedado.
A los abuelos les digo no todos pensamos igual, muchos queremos a los ancianos y estamos dispuestos a escucharlos y a tenderles una mano.
Recuerdo una vez cuando era chica, mi abuelo materno acariciándome la cabeza me dijo: -cómo será el mundo cuando seas grande... yo ya no voy a verte, pero quizás las cosas que verás... ojalá todas sean buenas, pero tengo miedo, todo va muy rápido... Después señalando un espejo me dijo: -¿qué ves ahí? Yo contesté inocentemente: -a mí abuelo, una nena. El sonrió y me dijo: -si una nena, que en un abrir y cerrar de ojos, será mujer y yo cerré los ojos, los volví a abrir y le dije: -abuelo sigo siendo una nena y él dejó escapar una carcajada, la primera carcajada de mi abuelo diciendo -sí seguro y se fue riendo... entonces no entendí y ahora sí entiendo la risa de mi abuelo.
La vida es una ráfaga que pasa y se va y muchos viven como si se afincaran y pudieran ser dueños del mundo, de la vida, de la muerte, de todo y se olvidan que la vida es un regalo de Dios sobre el que sólo El tiene potestad.
Yo digo que el que supo vivir su vida, es aquel que la vivió como una gran caramelera, en donde cada mal trago, supo con denodado esfuerzo convertirlo en caramelo, de distintos gustos, uno más dulce que otro, pero supo encontrar algo en cada tramo de su vida que le permitiera avanzar, caer, levantarse, volver a caer y volver a levantarse.
Los viejos no son piltrafas y cada vez que herimos a uno, restamos sabiduría al mundo... los viejos son el reflejo del pasado que sólo si nosotros comprendemos lo importante que son, se reflejarán en el futuro con luz propia... demos a los abuelos la oportunidad de sentirse vivos, útiles proyectando hacia el futuro tan rica experiencia.
Los ancianos no son una carga... son una gran fuente de sabiduría, en la que radica uno de los grandes secretos, para mejorar el mundo y no repetir errores.