Magdalena Grotter de Lorenzi nació el 18 de marzo de 1882.
Hace pocas semanas se cumplieron 45 años de su fallecimiento, ocasión propicia para recordar la trayectoria de una vida que fue ejemplo de solidaridad, amor al prójimo y desprendimiento.
Siendo presidente de la Sociedad de Damas de Beneficencia pudo lograr concretar un proyecto largamente soñado por quienes integraban la citada institución. Luego de diversas etapas (construcción, organización y puesta en funcionamiento) el 23 de mayo de 1939 se procedió a inaugurar el Hogar de Ancianos que hoy lleva su nombre, en implícito reconocimiento a su obra.
La mejor definición de su personalidad fue destacada en el suplemento "Tiempo de hogar" (LA OPINION 14/10/2001) por Nelly Ghizzoni de Foglia, que fue su colaboradora desde la fundación y se transcribe a continuación: “Magdalena Grotter de Lorenzi no era de mucho conversar si bien muy dispuesta a hablar con quien fuera si se trataba de beneficiar a los ancianos. Vestía sencillamente, era una persona buenísima pero que tenía mucha autoridad para hacerse respetar y conducir el Hogar”.
Su idea era proteger a los ancianos de la soledad y la indigencia y procurarles una vejez feliz.
El crecimiento del Hogar por el ingreso de mayor número de internos creó problemas para su mantenimiento por lo que, mediante gestiones realizadas ante el Gobierno de la Provincia, el 30 de abril de 1949 pasó a depender de la Secretaría de Promoción Comunitaria de la Provincia y de la Dirección Provincial de la Tercera Edad.
Definir la personalidad de doña Magdalena como se la conocía en la ciudad, no es tarea sencilla. Era persistente en sus proyectos hasta lograr concretarlos y su sentido de la solidaridad implicaba ayudar a todo el que lo necesitara. La obra que realizaba encontraba eco en aquellos a quienes pedía apoyo económico porque se conocía la honradez de sus principios y era sabido en la ciudad que se había despojado de todos sus bienes (lo que se detallará en futuras entregas) en la concreción de sus proyectos en beneficio de la comunidad.
Fue amiga personal del obispo Vicente Zazpe (primero de la diócesis de Rafaela). De él requería no solo asesoramiento espiritual sino el apoyo a sus iniciativas que le era concedido sin reservas.
Era común verla en su compañía, visitar el Hogar con mucha frecuencia.
Fue una mujer de fe profunda y de caridad prodiga. Su breve matrimonio por el prematuro fallecimiento de su esposo don Ciro Lorenzi, no fructificó en descendientes. Y así la dedicación a los demás le ocupó la mayor parte de su vida.
En su vejez, sin recursos económicos (pese a su muy considerable fortuna) invertidos ellos en las obras que realizaba, el Gobierno de la Provincia de Santa Fe le adjudicó una pensión graciable que utilizaba para seguir ayudando a quienes llegaban a la puerta de su casa solicitando apoyo sus necesidades.
Le fue otorgada la Orden del Tornillo por Benito Quinquela Martín y la Municipalidad de Rafaela honró su memoria colocándole su nombre a la calle donde está ubicado el Hogar de Ancianos en el barrio 9 de Julio, merecido homenaje a quien se olvidó de sí misma para pensar en los demás.