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Una novela en memoria de Patricia Highsmith

Por Liana Friedrich. - A manera de prólogo, el propio Carlos María Gómez, anuncia que, como quedara inconclusa la saga protagonizada por Tom Ripley, debido al fallecimiento de la escritora norteamericana Patricia Highsmith, acaecido en 1995, a modo de sentido homenaje hacia la creadora de ese ser fascinante y controvertido, mezcla de burgués y asesino, inteligente y feroz con sus enemigos, aunque increíblemente tierno con su esposa Heloise, sensible ante la amistad, las flores, la pintura y la música, decide entonces deleitarnos con nuevas aventuras, en las cuales con notable habilidad es capaz, no sólo de respetar las características de los personajes y ambientes, así como del estilo decididamente falukneriano de la autora, sino también de enlazar cabos sueltos, que se hallan en constante intertexto con las historias anteriores de su tenebroso pasado: esos son los “fantasmas” con los que debe ahora lidiar Gómez, para que Tom pueda arribar al particular horizonte de felicidad que cree merecer...

A pesar de que se encasillara la novelística de P. Highsmith dentro del género policial, vinculándosela incluso con íconos del género, como Raymond Chandler, Agatha Christie y Sir Conan Doyle, su obra no se ajusta por completo a la narrativa policíaca ni a la novela negra norteamericana, porque más bien se evidencia la influencia del llamado “realismo sucio, propio de Carver o de Ford, e incluso, si nos remontamos aún más, hacia mediados del siglo pasado, nos encontramos con el innegable influjo de la filosofía existencialista, que intenta reflejar un mundo de características sartreanas, desesperanzado y contradictorio, portador de una visión desgarradora y angustiosa de la vida, cargada de pesadillas, al modo de Kafka. Reiterar estos rasgos tiene especial sentido, porque Gómez, admirador de la obra de Highsmith, trata de respetar en profundidad la complejidad y los particulares matices de su corpus literario. El mismo replica, en reiteradas oportunidades: “Yo no escribo policiales”; en realidad, lo que pretende es develar con cierto cinismo -y de manera indirecta- un sistema de valores sociales atacado por la hipocresía de una burguesía enferma, a la que le es muy difícil quitarse las máscaras...

De ahí que le resultara relevante a Carlos Gómez, la psicología de un personaje tan ambiguo como Ripley, quien se mueve peligrosamente entre el bien y el mal, la culpa, la mentira y el crimen, con el objeto nada menos que de lograr ascender socialmente. Su concepto existencial del hombre es entonces sombrío y pesimista, por eso se interesa por este ser marginal, turbio y amoral: prácticamente representa el prototipo del anti-héroe, al que logra caracterizar casi con la morbosidad de una “disección entomológica”, a través de una trama compleja y elaborada, contextualizada dentro de ambientes oscuros y desquiciantes, que perturban, inquietan y deleitan a sus lectores, mediante la sorpresa -donde la impunidad siempre está pendiendo de un hilo- y la celeridad de la acción enfrenta la falsedad, el fracaso y el delirio de una clase media plagada de defectos.

El resultado, es a todas luces, una exquisita simbiosis Highsmith-Gómez, donde este último se atreve, no sólo a continuar la narrativa de la escritora norteamericana, sino a imprimirle un sello de autenticidad artística y creativa a sus producciones.


La autora es escritora, profesora de Letras e Inglés y presidenta de ERA. Esta novela fue presentada por Carlos Gómez el viernes último en UCES Centro.

Autor: REDACCION

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