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Una respuesta exterior para problema interior

La violencia, qué tema tan tergiversado… cada uno lo aborda desde un lugar diferente y eso no está mal, sino la intención con la que se da a conocer. Me pregunto si advertimos, que estamos en épocas de cambios tan profundos, que cada uno de ellos se vive como una ruptura con lo que ya está instituido, sin advertir que nada es para siempre, sino no existiría la evolución.

A los distintos estamentos educativos se los hace responsable de la violencia en las escuelas, en lugar de acercarse a proponer soluciones viables, ya que a veces de afuera las cosas se ven diferentes. A pesar de que se analizan en equipo situaciones de violencia, las maneras de abordarlas no son iguales, pues cada caso es diferente y los adultos sabemos que no es la escuela la responsable de la violencia, ni el origen de los impulsos que la generan. Todas las personas venimos de familias con características diferentes, que no creo que nos determinen como personas, pero sí nos inclinan a patrones a veces no concordantes con el resto. No escapan a la crisis socio cultural, los maestros y los alumnos, ya que están inmersos en ella.

Qué solución aportan los insultos, las agresiones, las descalificaciones, si sabemos que contribuyen a más violencia. Ninguna persona es tan ignorante como para no darse cuenta que la violencia es lo que se ve, pero las causas son mucho más profundas y radican en sentimientos que no afloran y lastiman, golpean el interior causando malestar, dolor, que al no salir se disparan para cualquier lado.

Cuando se suscita un hecho de violencia en una escuela, la solución no es separar al alumno, golpear al maestro, desacreditar a algún culpable -chivo expiatorio- para justificar que hacemos algo o aprovechando una jugada política que destituya a quién no nos gusta en el poder.

Es mucho más… es juntarnos, aportar, colaborar, cooperar cada uno desde el lugar que le corresponde, reactivando el diálogo que se ha cortado, se ha distorsionado provocando una incomunicación que nos aleja y nos enfrenta.

Tenemos que dejar en primer lugar de hacer política con cada caso que surge, buscando alternativas de solución, urgentes, para activar los vínculos, pensando como comunidad y no como individuo aislado. Los niños y jóvenes pobres, ricos, intelectualmente superiores o inferiores, negros, blancos, adictos o no, merecen una oportunidad y merecen también que los adultos nos involucremos, dejando de lado diferencias y pensando juntos cómo transformar lo que tanto daño les hace.

Los padres debemos hacernos cargo de lo que nos corresponde ya que los niños nacen de una familia, que es la primera educadora y no debemos eludir que somos los primeros responsables de esos niños, que tal vez algo no hicimos tan bien y eso no está ni bien ni mal, sino que siempre se puede remediar con buena voluntad, diálogo, preocupación y ocupación.

Hoy los padres trabajamos demasiado y es cierto, la vida lo exige, pero es que por eso nos vamos a agredir unos a otros descarnadamente, para justificarnos, pero ante quién…ante el mundo porque ante Dios no es tan simple.

Cuando en el mundo nos demos cuenta que ninguno somos, ni tan buenos ni tan malos, sino que vamos remando la vida para sortear obstáculos y a veces lo hacemos muy bien y otras veces no, pero eso no es terrible, ya que continuamente nos vamos a equivocar y ese no es el problema, el problema es creernos omnipotentes o escapar de nuestras responsabilidades buscando culpables alternativos.

Como educadora y segura de contar con el apoyo de todos los docentes, invito a quienes ven soluciones más viables, para que se acerquen a aportarlas, pero que no destruyan, porque a veces actúan desconociendo todo lo que se hace, que se puede hacer mejor, seguramente, pero acerquen propuestas.

Tratemos de descubrir que no hay que esperar el límite de nuestra vida para cambiar positivamente nuestras actitudes, a veces no tenemos tiempo y en realidad no entiendo a las personas que generan enfrentamientos, peleas sin fundamento y que critican sin siquiera saber hacer las cosas mejor. No olvidemos nunca que para criticar a alguien, hay que hacer las cosas mejor porque la crítica por la crítica no sirve.

La violencia es una respuesta exterior para un problema interior, que hay que saber dilucidar y para eso hay que contribuir y no dividir.

Autor: Alicia Riberi

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