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¿Vale la pena ser fiel?

En estos días al leer el Diario vi que se promocionaba una obra de teatro con el nombre “Sé infiel sin mirar con quién”. Debo admitir que el nombre me chocó muy fuerte porque, como pastores, vivimos predicando que el hombre debe ser fiel en todos sus asuntos. Fiel a su cónyuge, fiel a sus amigos, fiel en su trabajo, fiel en el uso del dinero, “fiel en todo”. En la consejería pastoral he visto llorar a muchos hombres y mujeres por el dolor que causa la infidelidad. ¡Qué difícil volver a confiar! ¡qué difícil volver a creer en aquel que te traicionó! 

Las heridas del alma son profundas y no sólo afectan a los cónyuges, sino que termina afectando a los hijos. Si además de esto, se llega al divorcio, la vida se hace tormentosa y ya nada es igual. Cuando Dios planeó al hombre, lo hizo a su imagen y semejanza, esto significa que lo hizo similar, parecido a él, puso en el ser humano algo diferente, lo hizo distinto a todos los otros seres vivos. Le dio inteligencia, le otorgó libre albedrío y le impartió la capacidad de relacionarse con El.

En la segunda carta de Pablo a Timoteo leemos… “Si fuéremos infieles, El permanece fiel; El no puede negarse a sí mismo” (cap. 2:13). La esencia de Dios es su amor y su fidelidad que nunca cambian. El espera que el hombre le imite y reproduzca estas características. En esta sociedad machista que vivimos, parece que el más hombre es, aquel que estuvo con más mujeres. Sin embargo en el plan de Dios el verdadero hombre, es el que fue capaz de unirse a una mujer, amarla y serle fiel todos los días de su vida.

En tiempos de Jesús si una mujer adulteraba era lapidada a piedrazos. Un día le trajeron a Jesús una mujer tomada en el mismo acto de adulterio, es decir que la sacaron de la cama de otro hombre que no era su marido. El relato dice que Jesús les dijo a los que pretendían apedrearla: -El que esté libre de pecado tírele la primera piedra; dice el texto que cada uno acusado por su propia conciencia (porque todos hemos pecado) se fue retirando y quedó la mujer sola frente a Jesús. El maestro le dijo ¿Dónde están los que te acusaban? ¿se han ido todos? Ella respondió sí Señor. Jesús termina la historia diciéndole, ni yo que no tengo pecado te acuso, pero… “vete y no peques más”. Deja el adulterio, yo te doy una nueva oportunidad, pero deja de hacer lo malo y ahora comienza a ser fiel. Muchas veces el hombre y la mujer caen en adulterio porque escuchan las voces y consejos equivocados. Si está en crisis en su matrimonio, Dios le dice te puedo ayudar, yo cambio las cosas, obedéceme, yo tengo la solución para tu problema, yo soy el Dios de las oportunidades.

Por otro lado, los compañeros y amigos le aconsejan, búscate otro/a, divórciate, y a veces hasta le presentan el candidato/a, para que caiga en adulterio. Los modelos que nos presenta la farándula son grotescos, ellos dicen “se nos terminó el amor”, Dios dice en su palabra que el amor nunca deja de ser. Algunos hasta tienen el coraje de escribir un libro y aconsejar, han fracasado una decena de veces, pero se creen con derecho de opinar y guiar a otros. Una conductora muy famosa escribió en un libro, yo aconsejo a la mujer tirarse una cañita al aire de vez en cuando para mantener el fuego del amor conyugal. ¿Escuchaste eso? El mundo dice si te hace bien, si te da placer hacelo, sin medir consecuencias y en una búsqueda egoísta de la propia felicidad, sin tomar en cuenta el dolor y quebranto del otro. Jesús dijo… Oísteis que fue dicho: no cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón. Mateo 5:27-28. Jesús va mucho más allá que el adulterio consumado, dice a sus ojos, mirar a una mujer u hombre para codiciarlo ya es adulterio. Y cuando uno observa el mundo en que vivimos, dice -pero como hago, si los vestidos, los escotes o muestran o sugieren todo, la tentación está a la mano, como la mercadería en los estantes del supermercado.

Es cierto, sin embargo es una cuestión de valores y decisión. Cambiar de canal es un solo clic con el control remoto, y necesito un solo clic para cerrar esa página pornográfica de internet; no puedo evitar la primera mirada, pero sí puedo evitar la segunda y comerme a la otra persona con los ojos. Y esto no me hace pavo o zonzo, sino íntegro y fiel. Cuando Dios hizo al hombre y vio su problema de soledad, la biblia relata que le hizo como respuesta una mujer, no le hizo dos, ni tres, sólo una. Porque Dios sabía que en el vínculo de un hombre y una mujer que se aman, se respetan, se potencian para bien y se prolongan en los hijos, estaba la clave de la total felicidad para el ser humano.

Volvamos a la fuente, el plan de Dios es un hombre y una mujer unidos para toda la vida. Llevo 32 años de casado y puedo dar testimonio que si se puede, si vale la pena; vi a mis abuelitos envejecer juntos, cuando uno falleció, el otro lo siguió a los pocos meses, no sabían vivir el uno sin el otro. ¡Su ejemplo marcó mi vida! Por último no te olvides que en la obediencia a los planes de Dios atrae la bendición del creador. Dios te bendiga.


El autor es pastor de la Primera Iglesia Evangélica Bautista.

Autor: Carlos Terranova

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