Existen enfrentamientos clásicos de todo tipo: fútbol, básquet, barriales, etc., pero este que mencionamos como cabeza de comentario, es tan antiguo como la existencia del hombre sobre la Tierra, y es tan importante que lo estamos jugando todos los habitantes del planeta, y en forma permanente, con contrincantes antagónicos tan dispares entre sí, que la partida no terminará jamás, pues en verdad del asunto, en el fondo representa la lucha entre el bien y el mal, luz-sombra, ángel versus demonio.
Verdad significa obrar con autenticidad sobre hechos legítimos, honestos, con pruebas concretas y certeras, sin dañar ni castigar al decente con cargas y actitudes extorsivas y falsas, y por supuesto muchas cosas más, pero siempre buscando un crecimiento colectivo de evolución favorable. Así debería ser el comportamiento humano en general. Entonces, en la mayoría de los casos, el vencedor sería la verdad, con gran ventaja para la raza toda, pues el sufrimiento sería menor, debido al uso correcto de la vida bien llevada por el uso de las pautas señaladas más arriba.
Pero hete aquí que el rival despliega sus tácticas de ataque en busca de su victoria, usando armas muy atractivas y a la vez letales: el dinero y la ambición. Unamos en la mente de un humano desmedida ambición anexada al poderoso "don dinero", y con seguridad, tendremos una entidad desalmada y cruel al servicio exclusivo de la mentira. Ese ser, usará todas las trampas y fraudes posibles, a fin de lograr sus objetivos sean cuales fueren. Y por supuesto que no serán los de la verdad, sino todo lo contrario. Esa entidad humana apartada del camino verdadero pasará al bando contrario de la mentira y será un ser con tendencias diabólicas, usando sus poderes a fin de cubrir y distorsionar la verdad transformándola, en mentira.
Con el uso de su mal habido dinero, comprará conciencias, acallará voces que se opongan a su inhumano proceder, destruirá armonías que molesten su enajenación mortal: bien lo dicen Les Luthiers en una de sus jocosas aunque profundas sátiras: mi primo Nosferatus, tiene una fábrica con 3.000 obreros, es un chupa sangre! (por supuesto que es una definición metafórica, aunque no exenta de cierta autenticidad). Y proseguirá su desalmado camino de mentiras, enfrentando cualquier objetivo que le presente su contrincante... la verdad.
Lamentablemente, el mundo pareciera demostrar que la mentira, bajo el amparo de "don dinero' triunfa temporariamente sobre la verdad. La devastación, los escollos, la sinrazón, el desconcierto, el dolor lacerante se adueñaron del grueso de nuestra sociedad. Pero, ¿cuáles son las causantes de tamaño descarrío espiritual? ¡Cuidado!, que una de las principales anida en nuestro interior, ¿cómo andamos de conciencia? Esa vocecita interior, ¿no nos dice nada?, ¿no nos dice que con nuestro parcial o total consentimiento, abrirnos las puertas al avance de la mentira?, ¿o los hechos nos demuestran lo contrario?, ¿hay paz, hay tranquilidad, vivimos seguros en nuestras casas, en nuestros campos, en nuestras ciudades?, ¿donde está el orden, la ley, la protección de la verdad?... ¡En ninguna parte!, tampoco en nuestro interior, pues si en nuestra conciencia estaría clara la decisión de elegir la verdad, la realidad sería otra.
Deberíamos vivir con mayor seguridad, con confianza, esperanza y fe en el porvenir, en cambio seguimos nuestra marcha de inseguridad, dolor y sufrimiento lejos de la verdad ahogada por el poderoso "don dinero y su esposa la ambición"... ¿Y a quién le echamos la culpa ahora?
Mientras no busquemos la verdad a través del personal y propio conocimiento, siempre consentiremos a que se nos compre la conciencia a precio de dinero. Estamos ante otra grande y democrática oportunidad para demostrar nuestro grado de entendimiento mental-cerebral. Juguemos a no caer en manos de la falsedad, la mentira, la tergiversación y el engaño, pues ese no es el camino hacia la libertad y el goce de nuestra propia seguridad vivencial.
Si dentro nuestro está la verdad, sepamos servirnos de ella, usando nuestro poder de raciocinio en este, uno de los momentos más transcendentales de nuestra historia patria. La encrucijada electoral que se nos presenta, nos propone un clásico de definiciones precisas y concretas: verdad versus mentira; luz versus sombra.
Juguemos con supremo cuidado; caso contrario, que Dios, el país y nuestra propia conciencia nos dictaminen con justicia.