Según la Organización Mundial de la Salud, la violencia en la pareja se refiere a los comportamientos que se dan en el contexto de una relación íntima y causan daños físicos, sexuales o psicológicos, tales como la agresión física, coerción sexual, maltrato psicológico o los comportamientos controladores y abusivos.
Las personas víctimas de maltrato permanente en el hogar pueden desarrollar cuadros de baja autoestima, inseguridad y serios problemas de índole sexual y psicológico. Le comparto tres versículos de la Biblia que hacen referencia al trato que debemos darnos los esposos en el hogar. Efesios 5:33 Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido. 1ª Pedro 3:7 Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo. Colosenses 3:19 Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas. Pedro y Pablo respectivamente aconsejan, tratarnos con amor, respeto y sin asperezas.
Vivimos en un tiempo donde las noticias sobre violencia se repiten. Abusos, maltratos, violencia de género son temas cotidianos. Todos recordamos el caso del baterista del grupo Callejeros, que quemo viva a su mujer. Hace más de 20 años tomó estado público el caso del odontólogo Ricardo Barreda, que vivía en La Plata, con una escopeta y terminó con la vida de su esposa, su suegra y sus dos hijas. Dijo que lo maltrataban. Que le decían una palabra muy ofensiva, denigrándolo continuamente. Un día, simplemente estalló. Sus declaraciones fueron, “matar a esas mujeres para mí fue una liberación.
Y si usted mira más cerca, en nuestra ciudad, pudimos leer en este mismo diario, una discusión entre nuestros representantes políticos, terminó en un disturbio que nos hizo sentir vergüenza ajena (no opino sobre quien tiene la razón, mucho menos voy a fijar una posición sobre el tema, sino sencillamente, menciono el caso como una muestra más, de la violencia y la intolerancia en la que estamos sumergidos).
Sólo podemos exclamar cuánta locura… sin embargo los textos que leímos exhortan al respeto y buen trato dentro del matrimonio a cristianos. Llama la atención porque, los apóstoles, le escriben a la Iglesia, a los creyentes. ¿Será acaso que es posible, haber conocido a Cristo y seguir teniendo estas actitudes tan nocivas dentro de la familia? De no ser posible, la Biblia no lo registraría. La advertencia de los apóstoles estaba basada en situaciones que veían dentro de la Iglesia. Falta de respeto, violencia verbal, o aspereza en el trato o en lo físico. Cuando rompemos límites, nos vamos permitiendo actitudes que desagradan a Dios y abren heridas profundas en la relación. Como pastores nos ha tocado en estos 30 años de ministerio, atender muchas parejas y familias. Hombres que maltratan física y psicológicamente a los suyos. Mujeres manipuladoras y violentas. Hijos que se toman a los golpes con sus padres. Heridas del alma que nacen en el insulto, los gritos, las amenazas. La primera respuesta, la más simple tiene que ver con quien gobierna nuestra vida: ¿La carne o el Espíritu? Pablo escribe en su carta a los Gálatas… Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. (Gálatas 5:19-23). Note que marca la diferencia entre el hombre que se deja guiar por sus impulso (le llama obras de la carne), y dentro de las conductas varias tiene que ver con el trato áspero, las peleas y contiendas.
Cuando habla de una vida que se ha dejado llenar de la presencia de Dios habla de conductas transformadas por el Espíritu y enumera virtudes como “amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza”. Para erradicar la violencia familiar debemos dejarnos transformar por Dios, en primer lugar reconocer que tenemos el problema y en segundo lugar buscar ayuda. La pastoral de la familia, el consejo de la Palabra de Dios, son esenciales para superar estas conductas y vivir una vida de paz en nuestras relaciones familiares. Vivimos en un mundo violento, reconocemos que esto debe cambiar. ¿Pero por dónde empezamos? La respuesta es sencilla, debo empezar por mi propia vida, ¿habrá en mí, algún rasgo de violencia aún? Entre todos podemos cambiar esta realidad, hagamos nuestra parte (en una próxima nota seguiré abordando este tema).
El autor es pastor de la Primera Iglesia Evangélica Bautista.