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Vivimos con tiempo … pero sin tiempo…

Cada vez me convenzo más, que el materialismo en muchos casos, recubrió al mundo de una membrana que congeló los sentimientos, anuló la conciencia y anestesió la capacidad de reaccionar. Cuando escucho a enfermos con distintas patologías que aterran -cada vez son más- y que luchan por una medicación, por los costos, o por no poder ir hacia donde podrían tener una esperanza y se conforman con lo que pueden, me pregunto: ¿es justo, que un país tan bello, tan lleno de todo, hasta a veces, especule con la salud de la gente? ¿Es que se creen Dioses que digitan quién vive y quién muere? 

Si es así, los que se creen dioses son unos caraduras, que aunque crean que no, les llegará el momento en que el verdadero y único todopoderoso, les pedirá cuentas… ¿es que creen que los versos que hacen en la tierra, les bastarán para ganar el cielo? Qué ilusos…

Visitando a algunos ancianos, corroboro la insensibilidad, cuando veo, las veces que caminan para lograr una receta, un turno, que logran con suerte dentro de diez días, un mes o más y tal vez la vida no les alcance para curarse, porque he descubierto que los jubilados no tienen derecho a reclamos y yo les digo, es que todos creen que no llegarán a viejos y si llegan, les aseguro, no me gustaría estar en sus lugares. 

Los ancianos tienen cosas hermosas y sabias que contarnos, solo hay que escucharlos y regalarles un poco de amor, de atención y de paciencia. Es que no advertimos sus ojos nostálgicos, sus gestos más lentos, su andar cansado y su presencia desgastada por el paso del tiempo, pero reconfortada para aspirar el aire puro que en este mundo les quede por aspirar, o sonrisas tibias y miradas cómplices con una naturaleza que les fue mostrando todos sus secretos. Ancianos, ancianos… qué ironía… de jóvenes parece que nos tragamos al mundo y de viejos el mundo nos traga a nosotros. 

No sé si se han fijado que el tiempo es ráfaga, en un abrir y cerrar de ojos se acabó nuestra existencia y si no sabemos aprovecharla, ni la vemos. A veces me detengo a ver las hormigas, todas en fila llevan su carga para mejorar su refugio y a veces un pie grande, veneno, agua caliente, cortan sus aspiraciones y la vida es igual, a veces de la manera más inusitada, lo que estaba todo organizado en nuestra existencia, da un giro abrupto y quedamos confundidos, desorientados y no sabemos seguir porque nuestro soporte fue edificado sin cimientos. 

Cuando existen cimientos, nos tambaleamos, pareciera que nos quebramos, pero no, estamos bien sostenidos por alguien más grande de que nosotros…así deberíamos ser entre nosotros, cuidándonos unos a otros, pero lamentablemente algunos tranzan por ambición, por necesidad de poder, que se les diluye en un segundo sin siquiera darse cuenta y por ese poco de gloria arriesgaron un ocaso, dulce y tranquilo para sus vidas.

Queridos ancianos, no se desanimen, disfruten del atardecer de sus vidas con paz y serenidad, Dios hará el resto… Ustedes son los con tiempo pero sin tiempo, que Dios siempre cuida, aunque creamos por nuestra cuestionadora humanidad que no es así. Al que ha construido con generosidad su vida, encontrará al final del camino el abrazo amoroso de Dios.

Seguiré soñando con una medicina que se conmueva por el dolor ajeno, que descubra que no todo es a cambio de algo, que a veces calmar el dolor está primero, que ver la sonrisa aliviada de un paciente vale más que el lujo , que seguramente no les alcanzará la vida para disfrutar a pleno.

Seguiré soñando con que todos aquellos médicos que no descubrieron el verdadero sentido de su vocación, lo descubran de repente, aunque hayan vivido una vida ciegos.

Adhiero y aplaudo a los que viven su vocación y los invito a no bajar los brazos por todos esos pacientes que los aman y respetan.

Autor: Alicia Riberi

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