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Deportes Domingo 26 de Abril de 2026

Así fue la intervención médica del Sanatorio Nosti en el ACV de Matias Ferlini

Profesionales del Sanatorio Nosti que intervinieron en el caso de Matías Ferlini explicaron cómo se activó el protocolo ante los primeros síntomas, la importancia del tiempo en este tipo de cuadros y el abordaje interdisciplinario.

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Matías Ferlini junto al equipo médico que Sanatorio Nosti. Crédito: PRENSA 9 DE JULIO

Por Nicolas Bordón

Cuando un cuadro irrumpe de forma inesperada, la diferencia entre la incertidumbre y un desenlace favorable suele medirse en minutos. En el caso de Matías Ferlini, esa variable fue determinante. Pero no actuó sola: detrás hubo un sistema preparado, una lectura clínica precisa y un engranaje que funcionó sin margen de error.

Profesionales del Sanatorio Nosti que intervinieron en el caso de Matías Ferlini como Paola Capponi (Terapia intensiva), María Eugenia Gariotti (Clínica médica) y Cecilia Boccardo (Cardiología), explicaron cómo se activó el protocolo ante los primeros síntomas, la importancia del tiempo en este tipo de cuadros y el abordaje interdisciplinario que permitió una evolución favorable.

“Cuando recibimos la información de que presentaba síntomas neurológicos de inicio agudo, eso ya nos orienta a pensar en un posible accidente cerebrovascular”, explican desde el equipo médico. La dificultad en el habla, la pérdida de fuerza y alteraciones visuales encendieron las alertas desde el primer momento, incluso tratándose de un paciente joven y deportista.

 

El tiempo como variable crítica

En este tipo de cuadros, el factor tiempo no es una variable más: es la variable central. La rapidez en la llegada a un centro de salud con capacidad de respuesta resulta decisiva para reducir riesgos y evitar secuelas. “Es crucial la detección temprana y poder abordar el cuadro en un centro de complejidad. Es una patología dependiente del tiempo: cuanto antes se actúe, mayores son las posibilidades de disminuir complicaciones”, señalan.

Pero en el caso de Ferlini, esa rapidez no fue azarosa. Estuvo sostenida en una coordinación previa que permitió anticipar decisiones incluso antes del ingreso al sanatorio. “Cuando recibimos la comunicación con los síntomas que estaba presentando, ya se activó un circuito interno para esperarlo y avanzar rápidamente con los estudios”, explican.

Esa articulación con el cuerpo médico del club permitió que el traslado se realizara en condiciones adecuadas y que, al momento de su llegada, el equipo ya estuviera preparado para intervenir sin demoras.

A partir de allí, el abordaje se dio en simultáneo: evaluación clínica inicial, activación de protocolos, estudios por imágenes y la participación de distintas especialidades. Todo en una secuencia que, en estos casos, resulta determinante.

“Pudimos realizar los estudios en tiempo y forma y abordar al paciente de manera integral desde el inicio, no solo desde lo clínico sino también desde lo neurológico y cardiológico”, agregan.

 

Un enfoque interdisciplinario

Lejos de una intervención aislada, el abordaje del caso involucró a múltiples áreas desde el primer momento. Clínica médica, cardiología, neurología, laboratorio, diagnóstico por imágenes y otras especialidades se integraron en un mismo proceso.

“El paciente fue evaluado de manera integral, no sólo desde lo clínico sino también desde lo neurológico y cardiológico. En pacientes jóvenes, además, hay que estudiar causas diferentes a las habituales”, explican, en referencia a la necesidad de descartar patologías menos frecuentes en este tipo de perfiles.

La activación de protocolos internos permitió que cada área interviniera en tiempo y forma, reduciendo la incertidumbre diagnóstica y acelerando las definiciones médicas.

 

La dimensión humana del cuidado

Más allá de la precisión técnica, el caso también puso en evidencia otra dimensión del trabajo sanitario: la contención. “Sabemos que estas situaciones no sólo atraviesan al paciente, sino también a su familia. Por eso el abordaje incluye explicar cada paso, acompañar y tratar de reducir la ansiedad que genera algo tan inesperado”, sostienen.

En el caso de Ferlini, esa contención adquirió un valor particular. No solo por su edad, sino por su condición de deportista y figura pública dentro de la comunidad.

“Entendemos lo que implica para un joven que vive del deporte enfrentarse a una situación así. Por eso es fundamental no sólo el diagnóstico, sino también el acompañamiento en todo el proceso”.

Al mismo tiempo, el trabajo no se limitó al ámbito interno del sanatorio. Como parte de una lógica de atención integral, se avanzó en interconsultas con centros de mayor complejidad, como el Hospital Italiano de Rosario, para profundizar el diagnóstico y validar los pasos a seguir. “La interconsulta permite incorporar otras miradas y mejorar tanto el diagnóstico como el tratamiento. Es parte de una forma de trabajo que apunta a garantizar la mejor calidad de atención posible”, explican.

 

Prevención y salud en el deporte

El caso también reabre un eje clave: la prevención en el deporte de alto rendimiento. Desde el sanatorio destacan la importancia de los estudios precompetitivos, que permiten detectar posibles patologías y reducir riesgos.

“El screening permite identificar algunas condiciones y actuar a tiempo. No evita todos los eventos, pero sí puede marcar la diferencia en muchos casos”, advierten.

Al mismo tiempo, subrayan la necesidad de no minimizar síntomas, incluso en pacientes jóvenes. “La consulta temprana es fundamental. Síntomas como dificultad en el habla, pérdida de fuerza o alteraciones visuales deben ser evaluados de inmediato, más allá de la edad del paciente”.

 

Un caso que deja una señal

Lo ocurrido con Ferlini tuvo impacto más allá del ámbito deportivo. Pero, desde la mirada médica, su valor principal radica en otra dimensión: la posibilidad de visibilizar la importancia de actuar a tiempo y de contar con sistemas de salud preparados para responder.

En términos de salud pública, experiencias como esta dialogan con lo que plantea el sociólogo Didier Fassin en La razón humanitaria (2010), cuando subraya que la calidad de una respuesta sanitaria se mide por la combinación de recursos, capacidad de articular saberes, tiempos y decisiones en contextos críticos.

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