Por Edgardo Peretti
(Testigo y protagonista desde la prensa)
En otra época, este Periodista hubiese comenzado por detallar lo informativo y referencial. Para eso está el copete, o como se llame ahora en esta época digital alejada del clásico papel.
Pero en esta ocasión se prefiere evocar esa hermosa noche del viernes en el Museo Histórico; en realidad, un poco (bastante) en la vereda y otro tanto adentro.
Igual, habrá que comenzar elogiando la iniciativa y la realización. Cuarenta y seis años de historia del deporte está allí, expuesta, a mano y con una presentación de alto vuelo estético y testimonial.
No falta nadie del período que se encara. Todos y cada uno ha tenido su lugar y su momento, ello en medio de un clima de nostalgia y justicia, en muchos casos un elemento que no había aparecido hasta aquí. También se hace referencia a algunos que marcaron época sin ser (nunca) recordados en este pueblo.
Quien esto escribe disfrutó como un chico en una juguetería (nona dixit), mirando y reencontrando afectos y amigos de tantos años; aplaudiendo glorias y lamentando partidas. Anécdotas y lágrimas hubo en cantidad y todas y cada una de ellas fueron merecedores de vivencias pasadas, inolvidables y siempre vigentes.
No espere el lector una mención en particular. Sería injusto. Por eso lo graficaré, de manera egoísta, con el abrazo que nos dimos con “Tito” Giovannini, un campeón del mundo, un laburante del ring, un obrero del sacrificio que poco se ve y un tipo que merecía estar allí. Como tantos otros. Como el deporte de Rafaela que en esta muestra se hizo un poco más recordable; cerca de la justicia y a un paso de ser mitología popular.