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Información General Martes 21 de Febrero de 2017

60 Años del Cine Belgrano

La ciudad tenía un nuevo horizonte de expectativas.

Kuky Carena

Por Kuky Carena

Vivíamos cada día como un eterno presente, sin reproches, sin culpas. Había quedado atrás la nostalgia. Salíamos de los cines Pueyrredón, Avenida y Colón, de ver con una pantallita así de chiquita, para pasar a la del Belgrano, que parecía tener 50 m.

Es posible tener distintos tipos de vivencias... los sueños, momentos sin recuerdos, sin proyectos y sin presente, era ahí que la vida carecía de sentido y en aquel tiempo todo eso lo teníamos dentro del cine. Hoy cuando vemos el Cine Belgrano, nos damos cuenta que la vida valió la pena, porque convivimos con nuestros sueños y el presente forma parte de un mundo interior, por el cual transcurrieron los 60 años de este lugar tan representativo de la ciudad.

Los días de lluvia, ir al cine parecía “más cine”, porque salías convertido en galán o en héroe y levantabas el rostro al cielo para que te mojara la lluvia; de esa forma se podía ver lo feliz que eras, sumado a que si llevabas un paraguas, se lo dabas al primero que pasaba caminando, parodiando a la legendaria “"Cantando bajo la lluvia"”. A la salida llenábamos los bares para discutir y recordar la película.

Muchas chicas iban en compañía de sus padres con el noviecito, que sacaba las entradas numeradas, para ellos en el medio de la sala, y con la excusa de no haber más, las de la joven parejita atrás y ni bien se apagaban las luces salían de la sala y volvían para el intervalo.

Casi todos los primeros acercamientos se hacían en el cine. Nos citábamos y esperábamos que empezara la película, entrábamos y en medio de la lucha por conseguir lugares en las últimas filas, disfrutábamos de los puestos más cotizados, cerca de las más lindas cortinas con las que contaba el Belgrano, para envolvernos.

Descubríamos la “Vista Visión” y el Cinemascope, que nos daba vuelta la cabeza con “"La dolce vita”", tanto que hasta los cantantes y artistas de moda, usaban los sacos a rayas como Marcello Mastroiani. Fue esa manera de mirar la que generó una verdadera bisagra en nuestras vidas, porque pasamos de ver cine a formar parte de un universo mágico, dentro del cual nos mandábamos mensajitos de texto, pero en puro papel.

En la terraza del hall, había nada más y nada menos que un bar, con el único, Denis Passamonte, que lo atendía y oficiaba de compinche, en cuestiones tales como “te aviso que fulanita me preguntó por vos”.

Era durante las pelis de Alfred Hitchcock, cuando las chicas que tenías al lado se hacían las temerosas y se pegaban a nosotros para sentirse protegidas.

En otro clima visual, nos sentíamos Vittorio Gassmann, en "“Il sorpasso"”, sobre un auto sin capota, tarareando un twist como un desfachatado, desbordante de éxito, alocado, irrespetuoso, encantador de a ratos; y para colmo con una bocina que copiaba algunos acordes del twist, a lo cual y por supuesto, no faltó aquel que al poco tiempo la consiguió el hijo de… O!, cuando tarareábamos y llorábamos con “"Un hombre y una mujer"”, idealizábamos la vida en el cine, con ese auto convertible que daba un hálito romántico y de trampa, mientras soñábamos con el mar, los paisajes atractivos... y ella.

También era la figura de una mujer linda y mayor la que nos ilusionaba con vivir una historia similar y de enamoramiento puro, con la canción y las imágenes de “"Verano del 42"”. Sin embargo, cuando apareció, todos queríamos a Brigitte Bardot, pero Marilyn era irreemplazable.

Mientras embellecíamos a la violencia con la imagen de “Bonnie & Clide”, fue la espectacular puesta de "“Lawrence de Arabia"” la que me marcó en sueños y me llevó años después a hacer el viaje en camello por los lugares donde transitaban desde “Wadi-rum” hasta “Petra”, en el desierto de Jordania.

Divertirnos como locos con “La fiesta inolvidable”, luego los Beatles, con “"Anochecer de un día agitado”"; y en las películas almibaradas, odiábamos a un cantante, era Pat Boone, porque todas le daban bola, eran lindísimas y el ni siquiera las besaba, pero según decían era por eso de su religión.

Para el festejo del cincuentenario del Cine Belgrano se eligió, tal vez, a la mejor película de todos los tiempos, que hace referencia al mismísimo arte cinematográfico, que es “"Cinema paradiso"”. Ahí se muestra lo maravilloso que es y era ir al cine.

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