Por REDACCION
El día 31 de enero de 1908 Argentina lo vio nacer. No voy a referenciar su biografía o su talento porque es de público conocimiento, pero sí deseo tomarme el atrevimiento de hacer hincapié en dos aspectos que me parecen loables de destacar en estos tiempos de ruidos, verborragia y luchas agrietadas... Por un lado, su "apología" al silencio, a la palabra cuidada, no por ello menos contundente. Un pensado silencio que le permitió andar y desandar caminos, perseguido o reconciliado, en el país o el exterior. En los últimos tiempos, en el escenario homónimo, hacía referencia a que esa cadencia de su palabra y su guitarra iban a destiempo con la vorágine de una sociedad ansiosa de la estridencia en otras tonalidades... Por otro, la presencia de su segunda compañera, la pianista y compositora francocanadiense Antonietta Paule Pepin -Nenette- (con quien compartió la mayor parte de su vida) y que fue compositora en coautoría de 65 temas y permaneció a su "sombra".
Su seudónimo para componer fue: Pablo del Cerro. Y no fue vox populi su talento y brillo, aunque ella era una estricta crítica de cada obra. Muchas veces detrás de las personalidades suceden estos hechos, de las mujeres intensas que ayudan a "dar luz" pero prefieren o las circunstancias así lo determinan, el mismo silencio que caracterizaba a este grande del folclore argentino: Atahualpa Yupanqui. ¡Salud don Ata!
Prof. Ana María Colombo
Los comentarios de este artículo se encuentran deshabilitados.