Por REDACCION
SANTA FE (Por Mario A. Laguzza). - El 22 de noviembre de 1963 el presidente John F. Kennedy fue asesinado en Dallas, Texas, Estados Unidos. La muerte repentina de este joven y vibrante líder político, sacudió en su momento al mundo entero. Aun hoy este crimen sigue siendo uno de los eventos más controvertidos y a su vez más vívidamente recordados del siglo pasado.
Eran las 12:30 de ese fatídico día y mes de aquel año, hace hoy exactamente cincuenta años, cuando la limousina negra descubierta recorría las calles principales del centro de la ciudad de Dallas.
Una multitud entusiasta saludaba el paso del coche presidencial donde iba el mandatario electo más joven de los Estados Unidos y el primer presidente católico de la superpotencia. En el coche lo acompañaba su esposa
Jacqueline y el gobernador de Texas, John Connally. De pronto y cuando la caravana pasaba por la Plaza Dealey, se escucharon los estruendos de los disparos. La voz desgarrada de Jacqueline retumbaba en medio del caos dentro del auto. El gobernador John Connally resultó herido y el joven presidente fue gravemente herido. De inmediato lo llevaron, agonizando, al cercano hospital "Parkland", pero 30 minutos después se anunciaba oficialmente su muerte.
Sólo 98 minutos más tarde, y junto a la viuda Jacqueline, el vicepresidente Lyndon Johnson juraba, dentro del avión presidencial, rumbo a Washington, como nuevo presidente de los Estados Unidos.
LA EPOPEYA
DE UNA VIDA
El vencedor demócrata en la elección de 1960, John F. Kennedy, con 43 años de edad, fue el hombre más joven que llegaba por primera vez en la historia a la suprema magistratura de los Estados Unidos y el primero de religión católica.
Su primer discurso como presidente lo concluyó con una elocuente exhortación: "No preguntes qué puede hacer tu país por ti, sino qué puedes hacer tú por tu país."
Kennedy fue un político de gran personalidad, al que se podría definir como un idealista en el sentido de un hombre que persigue la realización de ciertos principios e ideales posibles en un determinado momento histórico.
El gabinete que integró su administración estuvo formado por figuras jóvenes. Kennedy buscó atraer las "mejores y más brillantes" cabezas disponibles, hombres que inyectaran una visión fuerte, desapasionada, pragmática y vigorosa a los asuntos gubernamentales.
Durante su breve presidencia (61-63) truncada por un asesinato aún no esclarecido, Kennedy trató de dar un tono más vivo a la política estadounidense, así en el interior como en el exterior.
La combinación especial de simpatía, ingenio y personalidad, lo ayudó a conservar su popularidad e influyó en las futuras generaciones de políticos. Kennedy deseaba ejercer un liderazgo fuerte para llevar los beneficios económicos a todos los ciudadanos.
Una de sus prioridades en la administración, consistía en poner fin a la recesión y reanudar el crecimiento.
Visto en retrospectiva, la fama liberal de Kennedy se debió más a su estilo personal y a sus ideales, que a la aplicación de sus políticas.
DERECHOS CIVILES
El desarrollo más importante en la vida doméstica estadounidense durante los años de Kennedy se produjo en el campo de los derechos civiles.
En junio de 1963 le dijo a la nación que la discriminación racial "no tiene cabida en la vida ni en la ley estadounidense", y enseguida respaldó un ambicioso proyecto de ley sobre derechos civiles, destinado a acabar con la discriminación en los sitios públicos, a eliminar la segregación en las escuelas públicas y a proteger a los votantes negros.
Los comienzos de la década de 1960 fueron años notablemente optimistas. La gente dirigía confiadamente la mirada hacia la realización del sueño americano.
Un nuevo presidente, un católico romano, el joven y vigoroso John F. Kennedy, tenía entonces sólo 42 años de edad, prometía volver a poner en marcha a la Nación.
Era el auto-proclamado tribuno de "una nueva generación", que había empeñado su palabra de que rescataría a la Nación de la deriva y del conformismo.
John F. Kennedy estaba dotado de una aguda inteligencia, un estilo urbano y elegante, y un sentido del humor que lo inclinaba a bromear consigo mismo.
UN JOVEN ESTADISTA
Hijo de una encumbrada familia, católica, muy relacionada con la política y con el Partido Demócrata, John F. Kennedy nació en Boston, Estado de Massachusetts, el 29 de mayo de 1917. Fue alumno destacado en la Universidad de Harvard donde se graduó en 1940.
Ingresando en la política, comenzó su carrera pública como congresista, siendo miembro de la Cámara de Representantes desde 1947 hasta 1953. En el ejercicio de su cargo, promovió reformas sociales destinadas a la protección de los sectores de población más necesitados.
En 1953 se presentó como candidato al Senado por el Estado de Massachusetts, sitial que logró.
Al año siguiente contrajo matrimonio con Jacqueline Lee Bouvier, una mujer que habría de compartir y complementar la imagen pública del futuro primer mandatario en 1961 y hasta su muerte en 1963.
LA MEMORIA DE
UNA NACION
Frente a la céntrica Plaza Dealey se encuentra el escenario del asesinato, el edificio de seis pisos, desde donde del sexto piso partieron aquel mediodía soleado de noviembre de 1963, las balas que terminaron con la vida de John F. Kennedy.
En ese mismo lugar, existe y ya desde hace varios años, un museo que recuerda y testimonia la vida y el crimen del presidente de los Estados Unidos.
El "sexto piso" es una exhibición educativa permanente que examina la vida y el legado del Presidente John F. Kennedy dentro del contexto de la historia de los Estados Unidos. Fue creada para satisfacer la demanda del público de información, sobre este trágico pero significativo acontecimiento.
La exhibición de 3.000 metros cuadrados emplazada en ese piso, se compone de numerosas fotografías, objetos históricos y 40 minutos de documentales y otros materiales interpretativos que ayudan, a aquellos que recuerdan, a enfrentarse con este momento desgarrador y educan a las jóvenes generaciones sobre el significado de un capítulo inolvidable de la historia.
En el "sexto piso" es posible revivir, la historia trágica de un hombre descendiente de irlandeses y nacido en Boston, que llegó a la cumbre del poder con solamente 44 años.
Verdaderamente da gusto recorrer este museo. Hay visitantes provenientes de todo el mundo. Muchos viajan a Dallas sólo por conocer el museo. Y muchos de los presentes ni siquiera habían nacido cuando al amante de Marilyn Monroe, la misma que le cantó el feliz cumpleaños de los 45, le partieron la cabeza y le destrozaron el cerebro.
John Fitzgerald no fue quizás un genio, pero no pasó desapercibido en la historia del siglo veinte.
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