Por REDACCION
(Por Kuki Pieroni). - Bartolo Manera, fue uno de los inmigrantes agricultores que llegó aquí, cuando no estaba fundada la colonia Rafaela, lo hizo en el año 1879, vivió siempre en la zona y falleció en 1911. El apellido Manera es común y muy reconocido.
Nació en Borgi (Italia) en 1850, luego de tres meses de navegación llegó al puerto de Santa Fe en febrero de 1879, acompañado de su prima y esposa y de su hijo mayor Juan, bisabuelo paterno del joven Alejandro Alessandrini, el cual aportó datos.
Se dedicó siempre a la agricultura, y fue una de las sesenta primeras familias en habitar la zona.
Su hijo Juan, también agricultor, conoció a la señorita Dominga Richiardino, también de la zona y contrajeron matrimonio, fruto de ello nacieron sus hijos Dominga, Bartolo, Juan, Victoria, Adelfina y Miguel.
Compró un terreno a la empresa de Guillermo Lehmann, media manzana en las hoy calles España, Santi y 1º de Mayo, construyó una vivienda como todas las de su época, con amplias habitaciones, cocina y galería y se radicaron en la colonia, hoy la misma se encuentra remozada y en buen estado de conservación.
Tenía un amplio patio con plantaciones de frutales, y como era típico de los italianos no podía faltar la quinta.
Aunque resulta llamativo, en el corazón del barrio Central Argentino, Juan Manera instaló un tambo. En medio del terreno, bien pensado estaba el corral, abovedado en el medio para evitar que se inunde, una rústica pesebrera de madera servía para colocar la alfalfa verde o seca, para alimentar la vacas.
El tambo era muy precario como todos los de la época, el ordeño se hacía manual y a la intemperie, con no más de cuatro o seis vacas de modesto origen.
Don Manera comenzaba el ordeño en las primeras horas de día, luego envasaba la leche en botellas de vidrio de un litro identificadas por medio de un rótulo con el nombre de los clientes, las colocaba en un cajón y las tapaba con una bolsa de arpillera humedecida.
A la hora del desayuno, los vecinos que eran sus clientes llegaban hasta la casa a retirar las botellas, la encargada de entregarla era su esposa Dominga, la llamaban con un sistema muy original. Un largo alambre dispuesto a la orilla de la pared de la casa, llegaba hasta un frondoso paraíso que estaba en el patio, al final tenía un cencerro, accionando el alambre desde la calle sonaba y alertaba a la señora.
Durante muchos años Don Manera brindó este servicio a sus vecinos, las mujeres comentaban le compramos la leche a don Manera, es pura no le agrega agua.
A mediados de 1940 falleció su esposa, y esta iniciativa se extiende hasta los años 1950.
Después lo de siempre, el progreso fue dejando estas y muchas cosas atrás. Don Manera entrado en años resolvió dejar el tambo, después de unos año más adelante sufrió una larga enfermedad y falleció, hoy ese terreno cuenta con modernas edificaciones.
Don Manera fue un hombre de pocas palabras, nunca contó cual fue el motivo por el cual dejó las tareas de agricultor, para instalarse en una colonia con muy pocos habitantes.
Muchos se enterarán por esta nota, aunque resulte poco creíble, que en los primeros años del siglo pasado hubo un tambo en el corazón del barrio Central Argentino, a escasas dos cuadras de la estación del mismo nombre.
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