Por Redacción
En Esperanza, la víspera muchas personas congregadas tras la muerte de Agustina Imvinkelried caminaron en sentido contrario al elegido el día anterior, y seguramente muchos de los caminantes habían estado en la plaza en la noche del lunes, cuando aún velaban a la joven.
El silencio de todos, las velas en la mano y un semicírculo formado alrededor de las escalinatas de la Basílica Natividad. resultaron el adecuado marco a la convocatoria, según da cuenta EDXD.
SIN HECHOS POLITICOS, Y SUS CONSECUENCIAS
Pasaron varios minutos y nadie habló. Los últimos reflejos del sol se fueron y las velas iluminaban el rostros de miles de vecinos que allí estaban presentes. La mayoría no sabía que entre los caminantes estaba Daniel, el padre desconsolado, sus sobrinos y su gente.
Aclarando que no había organizado la marcha, el sacerdote Carlos Magnano tomó la palabra y pidió a todos que acompañen a la familia y oren por Agustina. Allí se hizo más visible la presencia de los familiares y todos acompañaron su dolor con una oración.

Al finalizar sus palabras, el sacerdote quien pidió un aplauso de acompañamiento y fue interminable.
Con gran valentía ante el dolor y el desconsuelo Daniel tomó la iniciativa y agradeció a toda la ciudad. Dijo que estaba todavía conmovido por la cantidad de gente que los acompañó y dio muestras de lo difícil del momento vivido sin poder contener sus lágrimas y abrazándose a los suyos.
El pedido de justicia no fue necesario gritarlo, fue la marcha sin reproches explícitos, fue el silencio impactante de respeto y dolor.
En definitiva, fue un conmocionante mensaje social de una comunidad que se sigue preguntando porqué y hasta cuándo.
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