Por Blanca M. Stoffel
Los alumnos de los terceros años de la Escuela Nacional de Comercio de Rafaela de las cuatro divisiones de los turnos diurnos y nocturnos decidieron unirse a un proyecto que titularon “Juventud y vida”.
El lema era: “Con los jóvenes y para todos un mundo mejor”. Para ello redactaron un preámbulo en el que destacaban “impulsados a la esperanza de conquistar un ideal” y convocaban a la juventud para que juntos proyectaran un futuro para todos los jóvenes del mundo en un Decálogo en el que enumeraban los enunciados de su programa, a saber:
1º) Aceptar nuestra propia realidad, buscando formarnos moral e intelectualmente para construir un mundo mejor.
2º) Comenzar por no mentirnos a nosotros mismos: vivir la verdad en actitudes y palabras y descubrirla a través de lo que somos y de lo que aspiramos a ser.
3º) Asumir un estilo de vida que nos forme en el ser más que en el tener.
4º) Declarar la guerra a: nuestra indiferencia, nuestra comodidad, nuestro egoísmo, nuestro proyectar y no hacer.
5º) Rechazar la tentación de la droga, el alcohol, el cigarrillo, el sexo sin amor, el ocio y la violencia.
6º) Valorar a los amigos como un tesoro. Desear ser querido más que poderoso.
7º) Buscar la felicidad en las cosas simples y sencillas.
8º) Ser protagonista del trabajo por la paz para construir la civilización del amor.
9º) Esperar cada día nuevo con el corazón lleno de sonrisas para mirar la vida a través de la esperanza.
Los responsables del proyecto eran los docentes que integraban el Departamento de Ciencias Jurídicas y Sociales, y la Asociación de Estudiantes de la Escuela Nacional de Comercio.
Han pasado sólo 30 años y en este tiempo, ¿qué ha quedado de aquellos enunciados y principios? ¿Los alumnos de aquel entonces siguen pensando igual o se han contagiado de principios mucho más cómodos y menos comprometedores? ¿Y los docentes siguen impulsando proyectos ambiciosos como este?
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