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Información General Lunes 21 de Enero de 2019

Asia, mística y fascinante

El ingreso por Estambul, una caótica y a la vez fascinante ciudad turca que se divide entre Europa y Asia.

Adrián Volpato

Por Adrián Volpato

NOTA II


Supero la dilatada llanura Tracia y llego al estrecho del Bósforo, que separa Occidente de Oriente. Aquí se asienta Estambul, la única ciudad del planeta desparramada entre dos continentes. El estrecho la divide, a un lado se ve el mar de Mármara, y al otro, el mar Negro.

Ya conozco Estambul, pero su embrujo es tal que deseo redescubrirla. Caótica, sensual, un lugar para apreciar con los sentidos bien aguzados.

La abrumadora historia de la mítica capital de tres imperios –romano, bizantino y otomano-, en la encrucijada de rutas, se representa en los monumentos de los emperadores y sultanes, en los colores de los mercados, en el encanto de los barrios, en el espectáculo permanente de las calles, y en la navegación por el estrecho.

En el corazón de la ciudad antigua está la “Iglesia de Santa Sofía”, que despierta hoy tanta admiración como en el siglo VI cuando fue construida. Frente a ella, se alza la mezquita del sultán Ahmed I, más conocida como “Mezquita Azul” debido a su interior de mosaicos azules y blancos de Iznik, una de las más bellas de la metrópoli y la única del mundo con seis minaretes -torres-. En la larga galería con canillas ubicada en el exterior, los fieles realizan las acostumbradas abluciones -lavado de manos, pies, cabeza y boca- antes de orar.

Hay más mezquitas, unas dos mil. Y es imposible escapar al magnetismo del canto de los almuédanos que baja desde los minaretes convocando al culto cinco veces al día. Además del aspecto religioso, el imperio legó otras muestras de su poderío como el “Palacio de Topkapi”, la “Cisterna de Yerebatan” y la “Torre de Gálata”, sólo por mencionar algunas.

Y qué decir de los mercados, como el legendario e inmenso “Gran Bazar” o el exótico “Mercado Egipcio o de las Especias”; donde lo esencial, como hace siglos es comerciar y la regla de oro es el regateo un juego que deleita a los turcos pero puede exasperar a los compradores menos entrenados.

Comer por la calle no parece una opción sino una obligación. Es barato y hay de todo, siempre tentador. La bebida nacional, el raki, es un tipo de anís que se opaca al añadirle agua y arruina al que lo toma en ayunas. Poco antes de partir se produjo un atentado terrorista en el aeropuerto internacional… Consternación y tristeza.

Amanece y bebo un café turco (sin colar). Dila, me lee la borra, girando la taza e interpretándola. Me expresa que tengo un sueño por el que vale la pena luchar. Al despedirnos, le confieso que es cierto.

Le digo adiós a Estambul. El polvo de los siglos, aún no se ha asentado.

Hay una sutil diferencia cuando se pasa de Europa a Asia, el gigante de los continentes; es como si el tiempo perdiera sentido.

Paso por Ankara, la capital, mucho más manejable en tamaño que Estambul, y me sumerjo en el plato de Anatolia Central, el verdadero corazón de Turquía, la mitad entre la sofisticación europea y el sabor cuasi-árabe del remoto Este.

Al sur está el alucinante escenario de Capadocia, un espectacular paisaje moldeado por la erosión con milenarias ciudades subterráneas.

Pongo proa al Este. Vasto, lejano y culturalmente Medio Oriente, la parte más áspera de Turquía para viajar, pero a la vez seductora e insólita. Aquí, las costumbres del Islam son más rígidas.

Llevar una moto que en orden de rodaje arrima los 300 kilogramos tiene sus bemoles. El delicado equilibrio entre lo esencial y lo complementario.

Llego al lago Van, el de mayor extensión del país. En una de sus islas, sobre un barranco duro, gris, de piedra caliza, descansa solitaria una iglesia catedral armenia del siglo X.

Rumbo a la localidad fronteriza Kapikoy, me topo con controles militares.

El ingreso a Irán, acarrea complicaciones, originadas por ciertas irregularidades en mi Carnet de Passages (documento que permite la importación temporal de vehículos). ¿Adivinen el nombre de qué argentino tuve que citar para despejar el camino? En la próxima entrega develaré el misterio, aunque intuyo ya sospechan de quien se trata...  

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