Por Antonio Fassi
Queremos comenzar el escrito, aclarando que no somos pronosticadores de ninguna especie, ni predecimos ni adivinamos ni nada, simplemente que, desde un enfoque puramente personal, intentaremos explayar una superficial idea sobre este período que citamos como título, de acuerdo a una apreciación no tan profunda, dado que tampoco somos historiadores, sino que solamente anhelamos dejar flotar un pretendido análisis sobre lo que aconteció en nuestra tan martirizada patria Argentina desde la segunda guerra mundial en adelante.
Yendo "derecho al grano", creo que podemos coincidir que pasó de todo, englobando la idea desde el punto de lo bueno, regular o malo. Gobiernos democráticos, otros que aparentaban República pero ejercían los principios para beneficios personales, dictaduras sangrientas, golpes militares destituyendo democracias elegidas por el pueblo, en fin.... ¡de todo!, ¡amplio surtido!
Por consiguiente, estas alteraciones fueron creando una República en constante cambio, donde (75 años significan bastante tiempo real), diversas facciones políticas, sociales, económicas trataron de salvar las situaciones a corto plazo, y si alguien intentó pensar un poco más lejos sencillamente fueron apartados por poderes tal vez nefastos en sus concepciones.
Pero hemos cometido hechos, que si bien en su momento no fueron demasiado conocidos, pero que el paso de la historia se encargó de clarificar después, que nos dejaron por propia inexorable e implacable ley de causa y efecto, cargas sociales, morales y espirituales que devengar en la «ce concepción universal del cosmos, y que aún estamos pagando, como ser la aceptación de ceder nuestro territorio a efectos de cobijar los áureos despojos (el oro) que la Alemania nazi depositó en el país, y luego aceptar que los directos responsables de aquel horrible holocausto, cobijaran sus ilegales, clandestinas e ilegítimas presencias, usando pasaportes falsos, aprobados por nuestros gobiernos de entonces.
¿Podemos pensar que todo ese proceder inicuo puede quedar impune ante una ley, (que no queremos ni entender ni aceptar en muchos casos), deje sin efectos resultados que luego, con el paso de los años pudimos comprobar que toda esa deuda se tiene que pagar? Creemos firmemente que no, que todos los disturbios políticos, sociales, golpes de Estado, etc., fueron cargas obligatorias a nuestros errores como país, al haber aceptado que esas manos, manchadas con la sangre de sus hermanos asesinados, aunque para ellos no lo fueran, no debían ensuciar esta limpia tierra productora del humano alimento. Pero como todo principio tiene final, hoy quizás podemos vislumbrar una aurora de redención, un principio de liberación ante tanto revoltijo. ¿Qué pasó?Muy simple: y está al alcance del entendimiento de todos los corazones de buena voluntad el discernir la causa. Un ser de luz, venido del "más allá", pero que fue preparado para "el más acá", apareció en escena, y en un corto período de tiempo, nos señaló que aquella afrenta, aquella cruz que los argentinos nos habíamos cargado a cuestas, comenzó a desvanecerse dejándonos el camino abierto para que nosotros, como habitantes del territorio nacional, entendamos que de aquí en más debemos hacer que la verdad, la justicia, la ley equitativa y equilibrada pueblen nuestro territorio para bien de todos sus habitantes.
Pero Francisco no está solo: muchos, muchísimos seres visibles e invisibles trabajan a la par de quien ostenta el cargo más alto de la Iglesia Católica cristiana, y en alguna oportunidad, citamos el acercamiento metafísico de nuestro gran padre de la patria, José Francisco de San Martín (¿qué causalidad no?) (jesuita y Francisco) que desde otra dimensión, vigila, ojo atento, el devenir de su patria de origen, ayudando a nuestra redención.
¡Hermosa dupla!... cuidémosla, vale mucho!
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