Por Amado Raspo
Por indicación de San Martín, en el Sur de Chile. O’Higgins se repliega abandonando Concepción y el Maule -hoy zonas por demás castigadas por el terremoto de febrero-. Le acompaña O’Higgins, alrededor de 50.000 chilenos; llevan consigo todo el ganado y el grano; lo que no pueden llevarse fue incendiado. A principios de marzo de 1818, las fuerzas de San Martín y las de Balcarce se juntan en Curicó; acampan cerca de Talca, en una llanura conocida como Cancha Rayada.
Allí, en la noche del 19 de marzo de 1818 las fuerzas realistas atacan provocando el caos en el campo patriota. Fue un desastre, que quedó como la página negra de nuestra historia. Sólo Las Heras, logra la retirada en orden, resguardado 3.500 hombres.
San Martín acude a Santiago donde se dirige a una concentración multitudinaria y les expresa; "La Patria existe y triunfará y yo empeño mi palabra de honor, de dar en breve un día de gloria a la América".
En poco tiempo San Martín reorganiza su ejército, contando ahora alrededor de 5.000 hombres, número equiparable al ejército realista. Se instala junto al Río Maipú, a unos pocos kilómetros de Santiago.
En la mañana del 5 de abril, la batalla es inminente. El General francés Brayer, integrante de nuestras fuerzas patriotas, solicita permiso a San Martín para pasar a unos baños termales, porque se le ha agravado una vieja dolencia.
San Martín visiblemente alterado le contesta; "El último tambor del ejército tiene más honor que V.S. Señor General". "Usted General es un carajo", y le indicó a Balcarce, que comunicase al resto del ejército que Brayer quedaba suspendido de su empleo por indigno de obtenerlo.
La acción se inició como a las once, por la artillería patriota de la derecha, el cañoneo fue a intervalos sobre la izquierda realista que avanzaba y antes de las doce la acción se hizo general. La batalla fue muy disputada y estuvo indecisa mucho tiempo.
El coronel Manuel Escalada, con su escuadrón de Granaderos a caballo, cargó el montículo en que estaban emplazadas las cuatro piezas de artillería realista y las tomó; los cañones enseguida fueron apuntados contra sus primitivos dueños. Entre las fuerzas realistas, se destacaba el Regimiento Burgos, cuya larga tradición bélica manifestaban sus soldados a viva voz al entrar en batalla; "Aquí está el Burgos diez y ocho batallas ganadas, ninguna perdida". Dicho Regimiento introdujo confusión en el ala izquierda patriota, compuesta principalmente de negros que fueron completamente dispersados, dejando cuatrocientos cadáveres en el campo de Batalla. Decide San Martín en ese momento, lanzar su reserva al mando de Hilarión de la Quintana, cuya acción resultó decisiva. El Burgos se desordenó en parte y retirado para volver a formarse; cuando la reserva patriota se lanzó sobre él, sufriendo un fuego mortífero dirigido con admirable precisión y efecto.
En el cuadro final de la batalla, el dispositivo realista fue rodeado por la división, Las Heras al Oeste, Alvarado en el centro y Quintana al Este. Las caballerías de Zapiola y de Freire completaron el cerco. Osorio trató de replegarse sobre la hacienda de Espejo y no consiguiéndolo huyó en dirección a Talcahuano. En este último reducto la lucha es encarnizada y mueren alrededor de 500 soldados realistas. La contienda queda decidida hacia media tarde. Rato después mientras se combatía al enemigo en el último reducto, llegó O'Higgins, con el brazo vendado, quien al ver a San Martín, gritó generosamente; "Gloria al Salvador de Chile” dándose un abrazo y diciéndole San Martín a O'Higgins: "General: Chile no olvidará su sacrificio al presentarse en el campo de batalla con su gloriosa herida todavía abierta".
El mismo día 5, San Martín redacta el primer parte de batalla dirigido al Gobierno de Chile: "Acabamos de triunfar completamente del audaz Osorio y sus secuaces en el llano de Maipú y desde la una hasta la seis de la tarde se ha dado batalla que sin aventurar podemos decir que afianza la libertad de América. "El enemigo quedó destrozado enteramente, toda su artillería y parque están en nuestro poder. Pasan 1.500 los prisioneros y entre ellos el General Ordoñez y el Jefe de su Estado Mayor".
El mismo día le informa al General Pueyrredón... diciéndole entre otros detalles "ya no hay enemigos en Chile... en el campo de Maipú, abril 5 de 1918".
Extractado de "Seamos libres y lo demás no importa nada" de Norberto Galasso.
Los comentarios de este artículo se encuentran deshabilitados.