Por Carlos Terranova
Acabamos de festejar el Día del Trabajador, mucho se puede hablar de la historia y las reivindicaciones obreras, pero yo quiero pensar en la bendición del trabajo. Tener trabajo en un tiempo de altos índices de desocupación es un bien inestimable. Cuando uno lee la biblia encontrará que en el libro de Génesis Dios creó al hombre, lo puso en el huerto del Edén y le dio el trabajo de administrar su creación. En Génesis 2:15 dice “Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase”. Cuando el hombre desobedeció a Dios, comenzó a cambiar la historia, en Génesis 3:19 leemos: “Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás”.
Ahora no sólo había entrado a la tierra el pecado y la muerte, ya que además de esto Dios le dice que tendría que trabajar duro para ganar su pan. El trabajo no es un castigo sino una bendición y el castigo fue lo arduo que debería trabajar el hombre por su desobediencia. Una realidad es la desocupación y otra la pereza. Algunos queriendo trabajar no encuentran un trabajo efectivo y digno, pero otros teniendo la bendición del trabajo, no lo cuidan, ni valoran.
Recuerdo una oportunidad donde llegó a mi oficina pastoral en la ciudad de Crespo, Entre Ríos, un hombre, su contextura física era pequeña, su piel cobriza mostraba el efecto de los rayos del sol, no era el color de unas vacaciones en la playa, sino el color del trabajo arduo como albañil, expuesto al sol. Sus ojos denotaban una tremenda tristeza, comenzó a contarme su drama. Su realidad era acuciante, eran tiempos de híper inflación y había quedado sin trabajo. Tenía 4 hijos pequeños, que hacía varios días casi no comían. Lo primero que se me ocurrió fue darle una caja de mercaderías, ya que la Iglesia preparaba bolsones para ayudar a los más necesitados. Mi sorpresa fue mayúscula cuando el hombre golpeó con fuerza mi escritorio y me dijo, llorando casi a los gritos…
-pastor tengo dos brazos fuertes para trabajar, no quiero limosnas, quiero trabajo, quiero ganarme mi pan.
Sus músculos crispados me mostraban su impotencia y su dolor. Gracias a Dios pude aconsejarlo, consolarlo, darle las primeras ayudas. Supe que era antenista y le dimos trabajo para instalar la antena de la radio FM que estábamos emplazando en un predio que nos había cedido el municipio.
El trabajo dignifica, la pereza trae consigo la pobreza. El sabio Salomón escribe en el libro de Proverbios 6:6-11 Ve a la hormiga, oh perezoso, mira sus caminos, y sé sabio; la cual no teniendo capitán, ni gobernador, ni señor, prepara en el verano su comida, y recoge en el tiempo de la siega su mantenimiento. Perezoso, ¿hasta cuándo has de dormir? ¿Cuándo te levantarás de tu sueño? Un poco de sueño, un poco de dormitar, y cruzar por un poco las manos para reposo; así vendrá tu necesidad como caminante, y tu pobreza como hombre armado. Pablo da una palabra de exhortación a los de Tesalónica… Porque oímos que algunos de entre vosotros andan desordenadamente, no trabajando en nada, sino entremetiéndose en lo ajeno. A los tales mandamos y exhortamos por nuestro Señor Jesucristo, que trabajando sosegadamente, coman su propio pan. La palabra de Dios condena la pereza y exhorta a la diligencia. 2ª Tesalonicenses 3:11-12.
Que bueno es escuchar el consejo del predicador en el libro de Eclesiastés 9:10, Y todo lo que esté en tu mano hacer, hazlo con todo empeño; porque en el sepulcro, adonde te diriges, no hay trabajo ni planes ni conocimiento, ni sabiduría. Mientras hay vida, mientras tienes salud y fuerza debes esforzarte, ser diligente, como varón tengo la responsabilidad de ser proveedor y juntos como familia, debemos aprender a administrar los recursos que Dios nos da. Vivimos en un país cíclico donde parece que los tiempos de bonanza duran poco y volvemos a caer en crisis. No podemos negar que hay muchos desocupados y otros subocupados. Ante esta realidad, déjeme terminar con dos pensamientos, en primer lugar si tenés trabajo, valóralo, cuídalo. Pablo aconseja… no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, de corazón haciendo la voluntad de Dios; sirviendo de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres…Efesios 6:6-7. El apóstol aconseja que en tu trabajo tenés que buscar la excelencia, no trabajar sólo cuando te miran, sino como si estuvieras sirviendo a Cristo. Si tu realidad es diferente y falta el trabajo, te aconsejo que busques a Dios, y con la fe puesta en Él, salgas a buscar empleo, presenta currículum y Dios abrirá las puertas. Jesús les dice a sus discípulos que no estén afanosos, sino que busquen primeramente a Dios (esto es confiar en El, orar, dejarse guiar y direccionar por El) y todas las demás cosas (comida, vestido, etc.), serán añadidas. Dios es un Dios proveedor y quiere ayudarte, dale lugar en tu vida. Termino con una promesa de Dios… Cuando el hombre cayere, no quedará postrado, porque el Señor sostiene su mano. Joven fui, y he envejecido, Y no he visto justo desamparado, Ni su descendencia que mendigue pan. Salmo 37:24-25. Dios le bendiga. Y no te olvides el trabajo es una bendición, sé agradecido.
El autor es pastor de la Primera Iglesia Evangélica Bautista.
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